Así va
la otra campaña El
Sub comandante insurgente marcos se reúne con obreos
y el POS en Querétaro y Jalisco y acuerdan convocar
un Encuentro Nacional Obrero.
Participación del Sub Comandante Marcos en
el acto de La Otra Campaña, en El Salto, Jalisco,
el 20 de marzo de 2006.
(Transcripción
magnetofónica de Sandra Gayou,
revisada por los editores de Pluma.Los subtítulos
son de la Redacción).
No votar por Marcos
Compañeros,
compañeras, voy a responderle brevemente
a la compañera maestra por qué no debe votar
por Marcos. Según nuestra concepción como zapatistas,
nosotros pensamos que hay que invertir la relación
de poder y que debe ser la gente de abajo la que mande y
los gobiernos los que obedezcan, por eso en el EZLN tenemos
prohibido que los dirigentes y los miembros militantes del
EZLN participen en algún cargo de gobierno, que nuestro
deber es organizar a la gente, a la gente de abajo para que
pueda elegir buenas autoridades y pueda ejercer su mandato
sobre esas autoridades. Eso está sintetizado en la
leyenda de las Juntas de Buen Gobierno, que dice: “aquí el
pueblo manda y el gobierno obedece”. El propósito
de nuestra participación
en la otra campaña no es construir la candidatura
de Marcos, ni de nadie, sino hacer este punto de encuentro
y levantar un gran movimiento que organice a toda la gente
de abajo y entonces sí, plantearse el problema del
gobierno. Aparte de que [a mí] no, no se me da eso
del gobierno, hay que decirle a los niños que no,
que nunca voten por Marcos.
El
origen del desprecio y de la explotación
está en la producción capitalista
Para
tocar este tema vamos a explicarlo, como hablamos los zapatistas,
tal vez sólo nos entienden los compas indígenas
de Mezcala, pero en la Sexta Declaración nosotros
empezamos a refl exionar sobre este problema del sistema
capitalista, a partir de nuestra realidad como pueblos indios
y empezamos a seguir la cadena -como dijo el compañero
también indígena de Mezcala- a ver dónde
estaba el origen del desprecio, de la humillación,
del racismo y además de la explotación que
tenemos como pueblos indios. Porque además de que
nos desprecian por nuestra cultura, por nuestra lengua, además
[somos despreciados] como campesinos, pues somos explotados
por los coyotes, por los gobiernos, por los patrones, a veces
[somos explotados] como obreros agrícolas, a veces
como pequeños
comerciantes o ambulantes y a veces como productores del
campo. Nuestro producto allá es fundamentalmente el
café,
que es de dónde obtenemos algo de dinero y el maíz,
el frijol lo usamos para consumirlo, para comer nosotros
y para ayudarnos entre nosotros, porque hay comunidades que
batallan con esto de la producción del maíz,
sobre todo los de la zona de los Altos.
Cada
mercancía resume una historia de explotación
Cuando
estamos viendo esto del capitalismo, llegamos a la conclusión de que el núcleo o el corazón
del capitalismo no está en el mercado, sino que está en
la producción de mercancías, y es lo que trata
de explicar la Sexta Declaración. El problema es que
el capitalismo nos dice que es en el mercado donde se da la
desigualdad y es en el mercado donde las mercancías
ya no tienen la carga de explotación. Cuando hablamos
en Puebla con compañeras y compañeros jóvenes
que trabajan en las maquiladoras, que qué pasaría
si en el mercado encontrábamos los pantalones de mezclilla
y [en ellos] viniera un recado donde dijera: “este pantalón,
esta chamarra, esta ropa de mezclilla fue hecha por tal trabajador,
en tal jornada laboral y tanto le pagaron”; en qué sentido
cada mercancía no llega al mercado con la carga de explotación
que supone. Entonces, decíamos, en el mercado -que es
donde están circulando las mercancías, grandes,
pequeñas, complicadas, sencillas- no aparece la explotación
y ahí no se puede dar el encuentro con el que es explotado
o con el que es humillado.
Se
da la paradoja de que gente que está luchando, esté usando
ropa o cosas ignorando que son producto de un proceso de explotación;
entonces, nosotros decimos: “bueno, si no es aquí en
el mercado, ¿en dónde sí se está dando
esto [de la explotación]? y llegamos a la conclusión
que es donde se producen las mercancías, que es ése
lugar donde está el núcleo del capitalismo y
que en ese lugar se genera la mayor carga de explotación.
Es
como el corazón que empieza a bombear la sangre.
[La producción capitalista] es la que genera el desprecio
y la humillación a homosexuales, lesbianas, transgéneros;
es la que también se transforma en desprecio y racismo
hacia los indígenas, es la que destruye la educación
como vocación o como valor ético, es la que destruye
también el quehacer científi co como un quehacer
a favor de la humanidad y lo convierte en una guerra.
[Así que] si planteamos nuestra lucha sólo en
lo que es la periferia del capitalismo, sólo en los
efectos del núcleo de la explotación, [entonces
el capitalismo] se vuelve a regenerar. En ese sentido, todas
las luchas que no vayan al núcleo del capital, que no
vayan al núcleo de la explotación, necesariamente
tienen la maldición de repetirse una y otra vez, cada
vez de forma más complicada. Si nosotros mantuviéramos
como pueblo indio sólo la demanda de los derechos y
la cultura indígena obtendríamos tal vez algunas
concesiones y en un tiempo, como nos han platicado aquí,
las leyes no serían cumplidas.
[…]
Si sólo se plantea la demanda del respeto a la
dignidad de homosexuales, lesbianas, transgéneros,
la historia se va a volver a repetir porque [esa demanda
no ataca] el núcleo que generó esa injusticia
y ese racismo seguirá existiendo; si sólo nos
planteamos la defensa de los recursos naturales sin ir [contra
el sistema capitalista] que los está destruyendo,
otra vez se vuelve el capitalismo se vuelve a repetir una
y otra vez. Mientras no vayamos contra el núcleo del
capital, contra el núcleo
de la explotación, obtendremos sólo algunas
concesiones o algunos logros.
La
lucha estéril de combatir al capitalismo
a través del boicot al consumo
Y
aquí se abre una gran diferencia sobre a lo que está convocando
la otra campaña, porque hay gente que dice: “sí,
el enemigo es el capitalismo, hay que levantar un movimiento
anticapitalista, pero hay que combatirlo en el mercado, hay
que hacer un gran movimiento de sabotaje al consumo del producto
de las transnacionales, hay que cambiar nuestros hábitos
de consumo y eso signifi ca combatir al capitalismo”. Y nosotros
pensamos que no, que hay que combatirlo en la producción.
En
el núcleo del capital, en la producción capitalista,
hay quien tiene la paga, que es el dueño de la fábrica,
el dueño de las materias primas, y hay quien no tiene
nada más que su capacidad de trabajar, entonces ahí se
da una relación de explotación, porque hay quien
tiene y hay quien no tiene, y el que no tiene, se ve obligado
a aceptar las condiciones en las que trabaja; tiene que aceptar,
primero, que no le paguen el [equivalente] de lo que produce,
sino nada más le pagan el salario para vivir, pa' que
no se muera, pa' que siga trabajando y luego le desconocen
todos sus derechos: a la salud, a la educación.
Nos
explicaron los compañeros obreros, cómo
una forma de golpearlos es quitarles el Seguro Social y cuentan
muertes por la lucha, que no los mataron con bala, pero los
mataron quitándole el derecho a la salud porque estaban
rebelándose.
Entonces
en donde se están produciendo las mercancías,
en las fábricas, es dónde se experimentan las
formas de explotación, de represión, de desprecio,
donde se experimentan las enfermedades o las formas de exterminio
de la gente; desde el hostigamiento y la persecución
sexual a las mujeres (e incluso a niños); salió a
flote cómo los empresarios están ligados con
la red de pederastas y de pornografía infantil, todo
está en torno de la producción capitalista y
mientras no ataquemos ese núcleo estamos condenados
a ir coleccionando pequeñas victorias que no modifican
la situación [del pueblo] de manera sustancial.
En
el ejemplo que usábamos como indígenas, del
lobo que llega [a agredirnos], si no llegamos a [a matarlo]
a su cueva, que es ese núcleo de la explotación,
ese corazón del capitalismo que es el que bombea la
sangre, se vuelve a reproducir una y otra vez la pesadilla
que cargamos, o sea la derrota.
Quién enfrenta directamente este proceso es el obrero;
nosotros como pueblos indios, los campe sinos, otros sectores,
enfrentamos las consecuencias de esta explotación, del
núcleo del capital que explota, se hace grande, se expande,
invade otros países y estamos cargando con él...
somos las víctimas colaterales de esa guerra, y podemos
defender nuestro propio derecho a que no nos maten tan feo
o a que no sea tan rápido como [les ha pasado a algunos]
pueblos indios; pero la guerra va a seguir existiendo si no
se lleva “nuestra” guerra, “nuestra” lucha como otra campaña
a ese núcleo. Entonces, si ahí está el
corazón, entonces quien vive ahí directamente
ese proceso, puede ver cosas que nosotros no podemos ver; no
sólo eso, el obrero industrial es el que va a tener
el arma principal para clavarla en el corazón del capital.
[…] A la otra campaña… (y aquí nos juntamos
en igualdad de circunstancias), nos está faltando el
que va a dar el golpe final, el obrero.
Y
aquí se abren dos grandes tendencias dentro [de los
participantes] de la otra campaña: hay quienes piensan
que al sector obrero hay que llegarle por arriba, haciendo
tratos con los líderes o neocharros. [Los que así razonan]
hacen esta justificación: pues es que ahí están
los obreros y sí, ahí están, pero se está llegando
a ellos por arriba, se hace trato con esos líderes y
con el mismo sistema corporativo de control. Ésa es
nuestra crítica al “Tercer diálogo nacional”,
que se está llegando a los obreros por arriba.
Como
zapatistas, como le explicaba yo a la maestra, nuestra experiencia
es entrar por abajo, es otra forma de hacer trabajo con los
obreros que es entrar por abajo, directamente en los sindicatos,
no con los líderes sindicales, neocharros
(que se supone son afectados un poco por la política
neoliberal y que tienen descontento). Pero esto de atacar sólo
la política neoliberal, no, eso no toca el núcleo
central del capital.
Está la
otra historia que nos cuentan los compañeros
de Euzkadi y de Uniroyal, que es entrar por abajo y empezar
a organizar a los obreros y empezar a topar las paredes sucesivas
que va poniendo el control de ese núcleo: el charrismo,
la autoridad laboral, la gran empresa local y la transnacional
y el aislamiento que todo movimiento enfrenta, sobre todo
si son obreros que se supone son priviligiados, puesto que
tienen un contrato colectivo y un salario, cuándo
la gran mayoría
de la gente está en el desempleo. En los medios de
comunicación
venden la idea de que a estos obreros no hay que apoyarlos,
porque ellos están bien comparados con otros, por
lo tanto no los apoyes, no los ayudes.
La
lucha de Euzkadi: una hermosa lección de
historia contemporánea
Para
nosotros como zapatistas la lucha de Euzkadi en particular
y de toda la industria hulera, presenta una hermosa lección
de historia contemporánea, acaso la más hermosa
que hemos recibido en los últimos años, de
cómo
se pueden lograr victorias y ya no acumular derrotas, corridos,
poemas y nostalgias: “qué heroicos fuimos, pero perdimos”;
durante muchos años como izquierda cargamos esta historia
de dignidad y de derrota, y nosotros pensamos que ha llegado
el momento de no acumular corridos de qué heroicos
fuimos sino de acumular también victorias, que ahora
los que pierdan sean los de allá arriba. Y en ese
sentido la lección del sindicato de Euzkadi es esa
lección
de que es posible construir no sólo una victoria.
Los
obreros pueden administrar la producción
Además, [en Euzkadi] está el germen de esa otra
cosa que dicen que no se puede, porque nos dicen que el patrón “siempre” es
necesario, que en todo caso hay que luchar nada más
por mejores condiciones laborales y hasta ahí. [La lucha
de estos obreros culminó en la organización de
los trabajadores en una cooperativa de producción, pues
ganaron la mitad de la fábrica de neumáticos.
Nota de la Redacción].
La
enseñanza del capital es que el patrón siempre
es necesario, que el capitalismo siempre es necesario, que
ese núcleo tiene que mantenerse y que lo único
que hay que cambiar son sus excesos. Ojo, porque ésa
es una propuesta de un partido político, es no tocar
el núcleo del capital y suavizar los excesos que como
pueblos indios, que como colonos, que como defensores de la
naturaleza, que como jóvenes, cómo estudiantes,
cómo maestros, padecemos.
Todas
esas injusticias que se dan en la periferia [del sistema
capitalista], son alimentadas y son posibles porque ése
núcleo existe y cualquier esfuerzo por atenuar todo
esto, es una chaqueta mental si no toca el núcleo, el
núcleo del sistema, el núcleo del capital.
A
la hora en que los compañeros de Euzkadi doblaron
al capital y no se quedaron así, [satisfechos con] tener
mejores condiciones laborales, sino que tomaron la administración
de la empresa, eso quiere decir que los trabajadores puede
tomar en sus manos su destino, su destino ahí en el
núcleo del capital. Esa es una lección que hay
que cuidar, sobre todo a esos compañeros de Euzkadi,
pues han sido solidarios con todos, pero nosotros como zapatistas
pensamos que como otra campaña, como cualquier movimiento,
cualquier gente honesta y digna tiene que prestar [atención]
para que ese ejemplo no se pierda, que apoyemos a estos compañeros
en su lucha y estemos pendientes para que este ejemplo no se
caiga, porque ahí está uno de los gérmenes
[de destrucción del capitalismo]; porque nos dicen continuamente:
no se puede atentar contra el capital porque el capital es
necesario, los compañeros atentaron contra el capital
y siguieron produciendo.
Entonces
resulta que esta lección que intuía
la Sexta Declaración, que dice: “aquí el que
sobra es el capitalista, no el trabajador”, [es correcta],
porque el neoliberalismo nos está diciendo: “sobran
los trabajadores” y está ofreciendo esta especie de
Guerra de las Galaxias donde todo sería producido
por robots y resulta que no, que los trabajadores son los
que son necesarios y el que está estorbando o sobrando
es el propietario de los medios de producción.
La presencia en el movimiento obrero del Partido Obrero
Socialista
Esta
lección, aparte de la fuerza que nos da en la
sangre, saber que hay más victorias, porque no es cierto
que la otra campaña sólo esté recolectando
derrotas, humillaciones y dolores, también está recolectando
estos triunfos que no se conocían, no sólo como
los de Euzkadi, también de grupos ambientalistas, también
de grupos indígenas, también de estudiantes,
de jóvenes, como los compas anarkopunks y libertarios
que pasaron, que tienen su propia forma de resistir y tienen
sus logros, en este caso, el autoconsumo y esas victorias nos
hacen falta porque también la otra mentira que nos venden
es que no tenemos más futuro que la derrota o la resignación,
resulta que no, que si luchamos puede ser que no seamos derrotados.
Por
otro lado, otra lección también de los compañeros
de Euzkadi, de los compañeros que trabajan en las distintas
luchas obreras, es que una organización política
puede entrar a trabajar con un grupo social, sin suplantarlo,
porque en esa lucha no hay que olvidar la presencia del Partido
Obrero Socialista.
Cuando
ellos dicen que hay tres líneas fundamentales
de su victoria y que son: nuestra familia, y ahí la
compañera [esposa de un obrero de Euzkadi] pues lo dijo
muy claro, porque la explotación también los
afectaba, en determinado momento la familia dijo: “ésta
también es mi lucha aunque sea mi compañero,
mi pareja, el que está ahí enfrentándola;
yo lo estoy viendo en la mesa, si el trabajo se acaba, se acaba
todo”. Y los hechos que ella cuenta, que durante la lucha se
desintegraron algunas familias, hubo divorcios, muertes, suicidios.
[Aquí vemos] hasta qué punto el capital estaba
dispuesto a matar y a destruir. Las familias fueron importantes.
La
solidaridad internacional [es otra de las líneas
fundamentales de su victoria], cuando sacan su lucha del aspecto
sólo nacional o sólo local y salta del [municipio
de] El Salto a Alemania, se va a Alemania. Y entonces el gran
capital dice: “¡ay cabrón ya se metieron aquí!”,
de la misma forma como el Ejército Zapatista de Liberación
Nacional lleva la muerte a las calles de San Cristóbal,
a las calles de los terratenientes, de los finqueros, de los
gobernantes y entonces sí brincan, porque una cosa es
que un indígena se muera en la montaña y nadie
se entere y otra cosa es que se venga a morir aquí frente
a mi casa y salga en la televisión.
Ellos
[los obreros de Euzkadi] marcan una tercera línea
de importancia para su triunfo que se escapa y se diluye en
todo lo demás, que es el apoyo que recibieron de esta
organización política, [el Partido Obrero Socialista].
Resulta que sí es posible que una organización
política se relacione con un movimiento social sin que
esto implique que la va a vender o que la va a su plantar,
porque pudo haberse hecho, tan pudo haberlo hecho que hay ejemplos
de otros movimientos que así son: entra una organización
política, copta el movimiento social y lo negocia.
Hay
movimientos donde el único resultado es que el
líder se enriquece, que es la historia de todo el charrismo
sindical. Hay otra forma de hacer política que no es
una retórica nada más, no es un buen deseo o
algo que tal vez esté bien para dentro de muchos siglos,
como dicen los intelectuales del PRD: “qué bonito es
lo que dicen los zapatistas, pero ojalá tarde muchos
años en hacerse realidad porque si no se nos acaba el
negocio”.
Ya
está actuando [esa forma de hacer política,
la del Partido Obrero Socialista] pero no lo veíamos,
no lo escuchábamos o no lo conocíamos y en lugar
de leer un libro, aunque, habrá que leerlo , pues es
mejor escuchar de ustedes su propia lucha. Esa lección
de aquí, de El Salto, no sólo la ambiental, la
de la defensa de los recursos naturales, de la naturaleza,
de los compas indígenas de Mezcala, [inadudible] tenemos
estos dolores, pero también esta firmeza y esta dignidad,
que no nos avergonzamos de ser lo que somos, de las luchas
obreras que aquí se dijeron, pues brilla con luz propia
la lucha de los obreros de Euzkadi.
Es
un honor haber hablado con ustedes, es un honor escuchar
su historia y esperamos que se siga conociendo esa historia
porque para la otra campaña tiene muchas cosas que enseñar,
no sólo a nosotros como zapatistas, sino a muchas organizaciones
políticas que están aquí, a grupos y a
colectivos, porque muchas veces cometemos este error, de traducir
lo que es una organización política, electorera
como se dice y luego generalizar a todas las organizaciones
políticas de izquierda, a todas las que se plantean
este problema del poder. Enhorabuena compañeros. Nosotros
no usamos llantas, pero si llegamos a usarlas, serán
las de la Cooperativa.
[Por
otra parte], está este acuerdo que hicimos con
los compañeros del sindicato de Uniroyal, allá en
Querétaro y que fi nalmente podemos concretar aquí con
varias organizaciones sindicales, tendencias sindicales y organizaciones
políticas, para hacer un Primer Encuentro Nacional
Obrero. Voy a dar lectura a la convocatoria: “Convocatoria
al Primer Encuentro Nacional Obrero..
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