50 compromisos
Por Francisco Cruz Retama
Los
principales compromisos de Andrés Manuel López
Obrador (AMLO), candidato de la coalición “Por el bien
de todos” (integrada por los partidos de la Revolución
Democrática, del Trabajo y Convergencia), consisten en
desarmar al Ejército Zapatista de Liberación Nacional
(EZLN) y desactivar su insurrección en el sureste mexicano,
así como conservar intacto el capitalismo mexicano, administrando
eficientemente el neoliberalismo impuesto por los organismos
financieros internacionales en nuestro país.
A
cambio, ofrece extender a todo el país el asistencialismo
raquítico que, eso sí, le ha ganado un importante
caudal de votos.
Tiene
más de un año que el político tabasqueño
empeñó su palabra en pro de los capitalistas nacionales
y extranjeros. Eran los tiempos del desafuero; López Obrador
estaba preocupado por ganar el apoyo de quienes realmente dirigen
al país y para lograrlo había que dejar claro que,
en caso de llegar a la presidencia, no pondría en riesgo
sus inversiones.
Con
ese objetivo hizo llegar una carta, fechada el 8 de marzo de
2005, a los 300 empresarios más influyentes del país.
En ella explica que su proyecto se apega a los principios neoliberales,
que no es su intención combatir dicho modelo sino, como
interpreta el investigador del Colegio de México, Lorenzo
Meyer, darle un respiro 1.
Unos
meses después, el 25 de mayo, el diario inglés
Financial Times publicó una extensa entrevista en la que
reveló sus intenciones verdaderas para conducir al país.
Disciplina fiscal, autonomía del Banco de México,
reducción del gasto público, estímulos a
la inversión, respeto al Tratado de Libre Comercio, prometió AMLO,
quien, de paso, se despojó de la etiqueta de izquierdista
y se definió como político de “centro”.
Finalmente,
el domingo 17 de julio de 2005, presentó el
documento “50 compromisos para recuperar el orgullo nacional”,
un compendio de promesas electoreras, que incluyen algunas concesiones
económicas para atraer el voto de los millones de mexicanos
que viven en la pobreza, lo mismo que anuncia medidas con impacto
en la opinión pública —pero con poco o nulo efecto
sobre los problemas estructurales del país—, así como
una serie de compromisos dirigidos a la multimillonaria élite
capitalista. El texto presentado en esa oportunidad incluyó,
simplemente, los 50 enunciados principales, pero su versión
completa contiene extensos documentos en los que se explica cada
compromiso. Para la elaboración del presente artículo,
nos hemos basado en esa versión ampliada, a la que llamaremos “'350
Compromisos…”
El
primer compromiso: intentar desarmar al Ejército
Zapatista y desactivar su insurrección
No
es una casualidad que el primer lugar de la lista de compromisos
de López Obrador sea emplazar al Congreso de la Unión
a aprobar los Acuerdos de San Andrés, firmados entre el
EZLN y el gobierno de Ernesto Zedillo.
De
la misma forma que antes lo hicieron los priístas
y luego Vicente Fox, el perredista tiene una política
para terminar con uno de los principales, sino es que el más
importante dolor de cabeza del capitalismo mexicano: la existencia
de una guerrilla que agrupa a miles de indígenas, que
gobierna numerosas comunidades de Chiapas y mantiene una declaración
de guerra en contra del gobierno mexicano.
Carlos
Salinas y su sucesor priísta Ernesto Zedillo intentaron
acabar con la insurrección por la vía de la fuerza;
sin embargo, ambos fracasaron en su intento de masacrar a los
indígenas chiapanecos insurrectos y eliminar a la dirección
zapatista. Luego, Vicente Fox, en el año 2001, intentó embaucar
a los indígenas del país acordando con el PRI y
el PRD la aprobación de una ley indígena que incumplía
los compromisos hechos ante el EZLN en San Andrés y regateaba
los derechos más elementales a los pueblos originarios
de nuestro país. “En 15 minutos resuelvo Chiapas”, dijo,
y falló.
Ahora
López Obrador pretende aprobar los Acuerdos de
San Andrés2 , y obligar a la dirección del EZLN
a desarmarse y desmantelar la insurrección de los indígenas
chiapanecos.
No
le interesa el bienestar de los pueblos indios, tampoco el
ejercicio de su autonomía o la preservación de
su cultura y tradiciones. Para muestra basta hacer un repaso
de las gestiones perredistas en la jefatura de gobierno del Distrito
Federal, donde habitan cientos de miles de indígenas migrantes
y se conservan comunidades de centenaria antigüedad, establecidas
en el sur del territorio capitalino; teniendo el control absoluto
de la Asamblea Legislativa local, López Obrador ni sus
antecesores y correligionarios impulsaron la aprobación
de una ley indígena local.
El
primer compromiso de Andrés Manuel tiene dedicatoria.
El destinatario es el EZLN y sus nuevos aliados que hemos decidido
agruparnos a nivel nacional para construir una alternativa política
de izquierda para luchar en contra de su gobierno procapitalista
y, en última instancia por la destrucción de este
sistema social basado en la explotación, la humillación
y la opresión de las mayorías… y que el candidato
del partido del sol azteca está dispuesto a defender.
Compromisos para mantener intacto el modelo neoliberal
Es
un dogma del modelo neoliberal aplicado durante los últimos
25 años que los gobiernos deben conservar la estabilidad
de las principales variables macroeconómicas, como condición
para una gestión económica eficiente. López
Obrador será fiel a estos preceptos; así lo advierte
en sus “50 Compromisos…”, sobre todo en aquellos dedicados a
la gestión económica.
El
compromiso 45 lo dice con claridad: “Mantendremos equilibrios
macroeconómicos, es decir, habrá una adecuada política
monetaria y disciplina en el manejo de la inflación y
el déficit público.”3
También en la carta enviada a los principales empresarios
del país, el tabasqueño asegura: “En el camino
hacia un proyecto alternativo, el país no deberá poner
en riesgo su estabilidad. Tendrán que respetarse los equilibrios
macroeconómicos, para evitar disparos inflacionarios…” 4
Debemos
entender que el compromiso de López Obrador para
dar continuidad a la política económica generadora
de millones de desempleados y subempleados, de la pobreza para
la mayoría de los mexicanos y la marginación de
amplios sectores de la población tiene como contrapartida
ofrecer a los empresarios las mejores condiciones para hacer
negocios obteniendo jugosas ganancias.
Este
es verdadero núcleo de su proyecto. Esta es la razón
por la que los funcionarios del gobierno de George Bush, y las
principales autoridades financieras internacionales ni sudan
ni se acongojan ante la posibilidad de que el perredista llegue
a la presidencia de México.
Recientemente,
los banqueros se sumaron al coro de voces capitalistas que
propalan por los cuatro vientos su confianza de que un gobierno
de “izquierda” no representaráun riesgo para ellos. Y,
cómo no, si en uno de los “50 Compromisos”, el número
42 para ser exactos, asegura que no habrá marcha atrás
en el proceso de desnacionalización de la banca, mucho
menos sugiere la idea de retroceder en la entrega total del sistema
financiero a los particulares. Apenas se limita a prometer que
se otorgarán concesiones para crear bancos regionales.
Para
los banqueros, además, se mantendrán intactos
sus altísimos márgenes de intermediación,
es decir, la diferencia entre las tasas de interés que
se cobran a los deudores respecto de las que se pagan a los ahorradores.
También el cobro de múltiples comisiones y la absoluta
desregulación se mantendrán sin cambio.
Otro
ejemplo de la subordinación de Andrés Manuel
ante los intereses capitalistas y neoliberales es su política
para las maquiladoras.
Como
es sabido, esta industria es una de las más denunciadas
tanto por sindicalistas, como por organizaciones de derechos
humanos y ambientalistas. Son muy numerosas las quejas contra
las abusivas condiciones laborales que los patrones maquiladores
han impuesto a sus trabajadores. Es conocido a nivel mundial
que se trata de una política sistemática la violación
de los derechos constitucionales y la discriminación que
en esas empresas se lleva a cabo contra las mujeres, o la explotación
del trabajo infantil. Incluso, investigaciones serias acusan
la participación de los dueños de las maquiladoras
en las redes criminales responsables del asesinato de mujeres
en Ciudad Juárez, Chihuahua.
Encima,
está la volatilidad de las inversiones realizadas
en esa industria, así como el desempleo y la práctica
destrucción de comunidades enteras debido al desmantelamiento
arbitrario y sorpresivo de ese tipo de fábricas.
Frente
a esta escandalosa realidad, no existe ningún
compromiso. Al contrario, la industria maquiladora, que ha sido
una de las más beneficiadas con la desregulación
del comercio exterior que inició en la década de
los 80, es presentada como víctima de las trabas burocráticas
y el pago de impuestos, como el IVA. Nuevamente, los compromisos
de AMLO son con los empresarios, para eliminar trabas legales
y administrativas, exentar o compensar impuestos, todo con el
fin de garantizarles el mayor margen de ganancias.
Ese
es el verdadero compromiso de López Obrador: garantizar
a los empresarios, nacionales y extranjeros, las mejores condiciones
para que sus inversiones sean altamente redituables; una de ellas,
la más importante, es preservar el bajísimo salario
y las precarias condiciones en que se contrata la fuerza de trabajo
mexicana.
Por
eso no existe ningún compromiso en torno a las condiciones
de trabajo de los mexicanos. Únicamente se propone garantizar
que el salario mínimo se incremente por encima de la inflación.
Es una burla, pues esa ha sido la política de los recientes
gobiernos: que el salario mínimo aumente un punto porcentual
o décimas de punto por encima de la inflación.
A
López Obrador no le importa que, como lo muestran estudios
de la Universidad Obrera de México, el poder adquisitivo
del salario haya caído en más de 80 por ciento
entre 1982 y 2004.5 Para lograr que las remuneraciones experimenten
al menos una mínima recuperación no existe ningún
compromiso.
Otro
componente del salario, las pensiones, también pretende
ser vulnerado. Así lo establece el compromiso sexto, en
el que claramente se advierte la intención de incrementar
la edad para la jubilación y la revisión de los
montos de las aportaciones por los trabajadores, “de común
acuerdo con los sindicatos y con los representantes empresariales”.
La
versión perredista del Plan Puebla Panamá entre
los “50 Compromisos…”
Otro
aspecto del proyecto de López Obrador que le ha
valido el entusiasta apoyo de los sectores oligárquicos
es su compromiso de dar continuidad a algunos importantes proyectos
capitalistas e imperialistas,que ni el propio Vicente Fox logró hacer
avanzar signififi cativamente. Ese es el caso del Plan Puebla
Panamá, que en el proyecto del perredista es llamado Plan
Transístmico (compromiso 28). En él se recupera
la idea de construir un nuevo aeropuerto para la ciudad de México,
en Tizayuca, luego del fracaso de Fox en Texcoco frente los ejidatarios
de San Salvador Atenco.
Ése es el inicio del plan, en el extremo norte. De ahí pasa
a plantear la construcción de un corredor para el transporte
de mercancías entre los océanos Atlántico
y Pacífico, además de generar una región
para el enclave de maquiladoras.
El
Plan Transístmico, igual que el Plan Puebla Panamá pretende
ser una oportunidad para realizar todo tipo de negocios; tanto
en la construcción de los puertos comerciales que se proyectan
para Salina Cruz, en Oaxaca, y Coatzacoalcos, Veracruz, como
en el tendido de vías férreas, así como
la ampliación de la carretera existente.
Aunque
se presenta como la forma para aprovechar la abundancia de
recursos naturales de la región y sacar a las comunidades
indígenas y rurales del atraso, en realidad el Plan Transístmico
implicará la destrucción de buena parte de su flora
y fauna, además de pasar por encima de los pueblos que
serán despojados de los terrenos que se utilizarán
en la construcción de las obras de infraestructura y aquellas
donde se asentarán las maquiladoras; esas tierras, de
propiedad comunal o ejidal, ahora son enajenables o expropiables
gracias a la contrarreforma al artículo 27 constitucional
impuesta por el priísta Carlos Salinas en 1992 y que a
López Obrador le servirá a la perfección.
Como
ocurrirá con los otros proyectos en que López
Obrador pretende dar a los industriales de la construcción
un envidiable nicho para el desarrollo sus negocios, la mayoría
de los empleos que se generarán serán temporales,
mal pagados y sin mayores prestaciones.
Continuidad garantizada para el TLC, las privatizaciones
y el pago de las deudas
Las
principales formas de despojo de la riqueza que día
con día producen los trabajadores mexicanos se mantendrán
incólumes con el gobierno de Andrés Manuel López
Obrador. Así se compromete ante el poder económico
transnacional en el texto correspondiente al Tratado de Libre
Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá, la inversión
del capital privado en áreas estratégicas de la
economía —como la energía— y el pago de las deudas
públicas (externa e interna).
En
todo el documento hay un sólo compromiso para buscar
modificar un plazo del TLC: “evitar que aplique en 2008… la libre
importación de maíz y frijol”. En realidad, hay
una reivindicación del Tratado: “Desde la puesta en marcha
del Tratado de Libre Comercio para América del Norte en
1994, México triplicó sus exportaciones de manufacturas
y consecuentemente el tamaño de su planta manufacturera
con mayor inversión”, dice.
Lo
que se omite decir es que el TLC ha sido fuente de empobrecimiento
para amplias franjas de la población de nuestro país.
El campo ha sido afectado gravemente, pero también gran
parte de la industrial nacional ha sido prácticamente
destruida frente a la competencia impuesta por las poderosas
empresas estadounidenses y canadienses. Además, el Tratado
presiona fuertemente los salarios a la baja —el presidente Fox
lo dijo muy claro, “debemos aprovechar la ventaja comparativa
que representa nuestra mano de obra barata”. Por otro lado, este
crecimiento del comercio exterior de nuestro país, no
ha redundado en el crecimiento del conjunto de la economía,
pues el sector externo se mantiene desvinculado del resto de
las cadenas productivas nacionales. El TLC ha reforzado el papel
de México, como simple maquilador de mercancías
para el mercado mundial y apenas un 15 por ciento de la población
se ha beneficiado de esta nueva realidad comercial. Gracias al
Tratado, hoy somos una nación más dependiente de
la voluntad de los capitalistas internacionales.
Más adelante, en el compromiso 37, se hace explícita
la intención de profundizar la relación económica
con Estados Unidos y Canadá 6 . De tal suerte que el proyecto
lopezobradorista es reforzar la dependencia y subordinación
de nuestra nación frente a los imperialistas del norte
del continente.
Otra
revelación del proyecto es el apoyo a las privatizaciones.
Se sabe que la venta de más de mil empresas estatales
o paraestatales en los últimos 25 años prácticamente
acabó con el patrimonio nacional 7 y puso en manos de
empresarios nacionales y extranjeros negocios que los han llevado
a ocupar lugares muy destacados en la lista de los más
ricos del mundo. El caso más sonado es el de Carlos Slim,
tercer hombre más rico del mundo, dueño de la empresa
Teléfonos de México, vendida a precio vil por Carlos
Salinas en 1990 al empresario de origen libanés.
López Obrador no está en contra de las privatizaciones
y en sus compromisos asegura a los inversionistas que su gobierno
seguirá otorgando las mayores facilidades para que hagan
negocio en sectores estratégicos de la economía
que aún se mantienen bajo control del Estado. “Modernizaremos
el sector energético”, reza el compromiso 22 del documento
de marras; pero es Rogelio Ramírez de la O, el eventual
responsable de la conducción económica en el gobierno
de AMLO, quien explica mejor sus intenciones: La propuesta del
abanderado presidencial de la izquierda para la elección
presidencial del 2 de julio próximo es atraer inversión
privada nacional y extranjera al sector energético” .8
Ramírez de la O explica en entrevista con el diario mexicano
La Jornada que en la petroquímica secundaria, “donde la
mayor parte de las patentes son extranjeras”, lo mismo que en
transportación marítima y almacenamiento, además
de otras áreas, como los seguros, se puede fomentar la
inversión privada.
Debemos
recordar que una política del presidente Ernesto
Zedillo, que hizo parte de la estrategia de privatización
de los energéticos en México, consistió en
ampliar las listas de productos petroquímicos secundarios,
que son susceptibles de ser privatizados, limitando a únicamente
9 productos la lista de los productos básicos de esta
industria. Asimismo, la fragmentación de PEMEX en cuatro
sub empresas, entre las que se encuentra PEMEX-Refinación,
abrió la puerta una nueva reforma en el marco jurídico
que permite poseer a los particulares hasta el 49 por ciento
de los activos de las empresas petroquímicas existentes
hasta 1996 y hasta 100 por ciento en las de nueva creación.
Esa
ha sido la política de privatización del principal
energético de los últimos tres gobiernos federales.
En
materia eléctrica, lo mismo que en hidrocarburos,
los capitalistas y sus gobiernos han encontrado los resquicios
legales necesarios para ir tomando un control cada vez mayor
de la producción y comercialización de energía,
incluso sin modificar la Constitución. El Sindicato Mexicano
de Electricistas denunciaba en 2004 que por lo menos un 23% de
la capacidad instalada de generación en el sector eléctrico
estaba en manos del capital privado y que, de acuerdo con cálculos
de funcionarios foxistas, para el 2006 este porcentaje ascendería
a un 48%.
López Obrador se dispone a ser el continuador de esta
política de privatización cada vez menos sigilosa.
Eso quiere decir “modernización” en lenguaje perredista,
abrir paulatinamente al capital privado las áreas económicas
estratégicas, hasta que los capitalistas tengan el control
de ellas.
Y
con la deuda pública, tanto externa como interna, la
política del candidato perredista es igualmente complaciente.
Su compromiso (el número 43) es “transparentar el monto
real de la deuda”, para entonces “proceder a examinar formas
para reducir su costo, ya sea alargando los plazos de vencimiento,
reemplazando deuda en pesos por deuda en dólares o refinanciándola
mediante otros pasivos” (es decir, contratando más deuda).
Es decir, que el compromiso de López Obrador es pagar íntegramente
las deudas, incluso aquellas que resultaron los más gigantescos
fraudes a la nación, el Fobaproa y el rescate carretero.
El
documento propone, en principio, integrar a la deuda pública
la llamada deuda contingente que incluye el endeudamiento en
que el gobierno incurrió por “rescatar a empresas fallidas,
es decir, proyectos de capital de riesgo asumido en principio
por inversionistas privados.” Por supuesto, estos negocios fracasados
incluyen a los banqueros que fueron rescatados con el Fobaproa
y los concesionarios benefifi - ciados con el rescate carretero.
No importa que ese endeudamiento sea producto de fraudes, todos
los ciudadanos tendremos que pagar por ellos. De eso se encargará López
Obrador .9
Reconciliación con los criminales de “cuello
blanco”
Tampoco
se ha cansado de insistir en que no perseguirá a
nadie; ha prometido que en su gobierno no habrá cacería
de brujas. Este mensaje, entre otros, tiene como destinatarios
a los responsables del Fobaproa, a los banqueros.
No
es un asunto menor, puesto que una de las principales banderas
del tabasqueño durante estos años, con las que
se arropó como luchador social, fue precisamente el asunto
del Fobaproa. Incluso llegó a exigir que se enjuiciara
a los responsables del fraude, comenzando por el propio presidente
Ernesto Zedillo.
Hace
un año, el 16 de marzo de 2005, se reunió con
un reducido grupo de empresarios y banqueros10, el cónclave
fue organizado por Julio de Quesada, presidente de Citygroup,
que compró Banamex por 12 mil millones de dólares,
sin pagar un peso de impuestos, y se benefició grandemente
del Fobaproa. En la reunión, López Obrador les
aseguró que no debían preocuparse, pues en caso
de llegar a la presidencia únicamente “transparentaría” el
caso; pero no dejaría de pagar dicha deuda ni perseguiría
a los culpables. “Una vez transparentada la deuda, se buscarán
los términos más adecuados para reducir su costo
financiero y liberar recursos para el desarrollo económico
y social del país” (compromiso 44).
Asistencialismo
para paliar la explotación capitalista
El
propio documento lo dice: “si se decidiera dar una pensión
de medio salario mínimo a los mayores de 70 años
el costo sería de 0.38 por ciento del Producto Interno
Bruto”.
La
proyección del Consejo Nacional de Población
es que en el año 2010, cuando AMLO esté viviendo
su cuarto año de gobierno, habitarán en nuestro
país poco más de 4 millones 400 mil personas mayores
de 70 años, 3.94 por ciento de la población total
que en ese año alcanzará más de 111 millones
613 mil personas11 . Como puede observarse, se trata de una concesión
raquítica destinada a un pequeño sector de los
mexicanos, pero que ha revelado su efectividad electorera.
Lo
mismo ocurre con las personas con discapacidad, que en el diagnóstico presentado por el documento “50 compromisos…” suman
un millón 795 mil 300 personas, el 1.8 por ciento de la
población. Para 2010, durante el cuarto año de
su sexenio, el compromiso de AMLO es brindar medio salario mínimo
a 698 mil 890 personas con discapacidad, es decir, al 38.92 por
ciento de la población con alguna discapacidad —ni la
mitad—. El gasto que se utilizará entonces sumará 7
mil 304 millones 798 mil 280 pesos 12, es decir, ni el 0.06 por
ciento del PIB.
El
proyecto del gobierno perredista para dar atención
médica y medicamentos gratuitos a la población
que no es derechohabiente del IMSS, ISSSTE u otros sistemas de
salud, será, de hecho, la continuación y relativa
ampliación del actual Seguro Popular implementado por
Vicente Fox y aceptado por López Obrador para funcionar
en el DF. Este año, el programa foxista cuenta con un
presupuesto de alrededor de 17 mil millones de pesos; según
los pronósticos gubernamentales, al final de 2006 su cobertura
alcanzará a 20 millones de personas; la meta del programa
es incluir a 50 millones de personas; si el ritmo de crecimiento
del presupuesto asignado al programa al menos se mantuviera como
hasta este año, en 2010, cuando se prevé alcanzar
las metas finales del programa, se gastaría en él
42 mil 500 millones de pesos, cerca del 3.5 por ciento del PIB
de ese año.
El
asistencialismo de López Obrador representado por
estos tres programas de subsidios directos a diversos sectores
de la población, no llegará al 4 por ciento del
PIB, ni en su mejor momento, pues en los primeros años
de su gobierno se gastarán cantidades significativamente
menores. Sin embargo, su compromiso de cumplir con el pago puntual
de la deuda podrá significar la erogación de recursos
equivalentes a tres veces lo gastado en sus programas de limosnas
.[13]
Estos
son los paliativos a la explotación capitalista
que López Obrador se dispone a perpetuar. De ninguna manera
representan soluciones de fondo a los problemas de pobreza, desempleo,
bajos salarios y marginación que vivimos la mayoría
de los mexicanos. Pero, eso sí, son mecanismos eficientes
para engañar a la gente y seducirla para ganar sus votos.
Subordinación política
ante el imperio
La
cautela diplomática con la que pretende conducirse
AMLO desde la presidencia de la República (compromiso
36) es, en realidad, una forma de sometimiento a los dictámenes
de la política exterior del gobierno de Estados Unidos.
En
la actual situación mundial, caracterizada por la
lucha de los pueblos en contra del neoliberalismo y la pretensión
de los imperialistas por consolidar su poder económico
y político en cada vez más vastas regiones del
orbe, la “cautela diplomática” equivale a dejar a su suerte
a los pueblos y solapar los afanes militaristas y recolonizadotes
de los gobiernos de los países imperialistas.
No
se puede luchar por la paz mundial y la autodeterminación
de los pueblos sin dar un combate político decidido contra
el militarismo y el intervencionismo.
Pero
el eventual gobernante perredista nos advierte, en su compromiso
número 37, que optará por la política del
buen vecino ante el gobierno estadounidense, que no ceja en su
afán por subordinar al pueblo irakí y que es responsable
de decenas de miles de muertes de civiles inocentes por la ocupación
de ese país.
La
seguridad pública en manos del Ejército
No
extraña escuchar de López Obrador que para
combatir la delincuencia y la inseguridad es necesario acabar
con la pobreza, el desempleo, la desintegración familiar,
la pérdida de valores y la ausencia de alternativas. También
se propone erradicar la corrupción de los cuerpos policíacos.
Sin embargo, en términos concretos, una de sus políticas
centrales para garantizar la seguridad a “los ciudadanos” es
la militarización de la seguridad pública.
La
trascendencia del asunto es considerablemente mayor debido
a que se trata de una política que viene de fuera de nuestras
fronteras, directamente de las oficinas de las fuerzas armadas
del gobierno estadounidense. Durante su gestión al frente
del DF, ya probó que está muy interesado en aplicar
las recetas gringas para “enfrentar” el problema; incluso contrató al
ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, para que le enseñara
a su entonces secretario de Seguridad Pública, Marcelo
Ebrard, como aplicar el programa “Tolerancia cero” contra la
delincuencia.
Con
López Obrador se reforzará la participación
del ejército en el combate al narcotráfico (compromiso
35), a pesar de que los resultados de esta política no
son alentadores; claro, no hay razón para que el ejército
sustituyendo a la policía rompa con los lazos entre el
narco y el poder político y financiero legal. Además,
numerosas organizaciones para la defensa de los derechos humanos
han denunciado la actitud arbitraria y violatoria de las garantías
individuales por las fuerzas militares que custodian las calles
y barrios de las ciudades y las comunidades agrarias. La presencia
militar ha llegado a estrechar al máximo la creación
de espacios democráticos y civiles. Es común la
realización de operativos anticonstitucionales de cateo
de autobuses y lugares públicos.
En
el gobierno del DF, López Obrador optó por
iniciar la militarización de la seguridad pública,
como receta para combatir los elevados índices de delincuencia;
lo hizo siguiendo las directrices imperialistas, que están
detrás del diseño del plan México Seguro,
instrumentado en primera instancia por el gobierno de Vicente
Fox, y que pretenden hacer de la política de seguridad
pública mexicana una extensión de la seguridad
nacional estadounidense. En general, es política perredista
abrir las puertas a este plan de militarización; ya se
hizo en Michoacán, con el gobierno de Lázaro Cárdenas,
y también en Guerrero, con Zeferino Torreblanca; igualmente,
los municipios del estado de México gobernados por perredistas
han seguido esta orientación que, después del dos
de julio, si López Obrador resulta triunfante, se generalizará al
país.
Corrupción
al estilo del PRD y AMLO
El
tabasqueño presume de una inquebrantable honestidad
y asegura que su gobierno tendrá el mismo sello. Pero
la historia de su partido y sus funcionarios de gobierno no dice
lo mismo.
A
su paso por el gobierno del DF, dejó tras de si una
estela de casos de corrupción e influyentismo de sus funcionarios
allegados. René Bejarano, Rosario Robles, Gustavo Ponce,
Ramón Sosamontes, Carlos Ímaz y Octavio Flores
son algunos de los más sonados nombres envueltos en el
escándalo.
En
la mayoría de estos casos prevaleció la impunidad.
Sólo Bejarano y Ponce pisaron la cárcel, pero incluso
la breve estancia del primero en el reclusorio sirvió para
hacer patente una vez más la corrupción existente
en las cárceles defeñas, pues el preso perredista
contaba con privilegios por fuera de la ley, con la connivencia
de las autoridades carcelarias.
Debieron
abandonar sus puestos como funcionarios, incluso llegaron a
pisar la cárcel por unos meses, pero los ilícitos
que cometieron se quedaron impunes. Ninguno fue condenado por
corromperse, no hubo sentencias para castigar el uso del poder
para beneficiar intereses de particulares.
A
su vez, ya anunció que los responsables de los multimillonarios
fraudes contra nuestro pueblo (Fobaproa, rescate carretero) no
serán perseguidos. La corrupción seguirá campeando
en el gobierno capitalista del tabasqueño y sus aliados,
porque ha sido su política fomentar la impunidad de sus
funcionarios que han cometido ese ilícito. Demagogia electorera.
Las
promesas fáciles de cumplir y compromisos con los
altos mandos de la economía mundial y sus beneficiarios
están acompañados de verborrea, golpes de efecto
y, de plano, demagogia electorera de la peor calaña.
Ese
es el caso de compromisos como el de suprimir las pensiones
de los ex presidentes (7), mejorar la atención médica
en el IMSS y el ISSSTE e impedir que haya servicios médicos
particulares para funcionarios (8), convertir a las Islas Marías
en centro para el ecoturismo (32), la reducción del costo
del aparato burocrático (38), la lucha contra la corrupción
(39) y el supuesto sometimiento del presidente de la República
al principio de revocación del mandato (50).
De
estos recursos mercadotécnicos en busca del voto ciudadano
conviene destacar la promesa de mejorar los servicios de salud
en el IMSS y el ISSSTE; es pura demagogia, pues aunque la caída
de los salarios se reconoce como una de las principales causas
del deterioro de la atención médica y la descapitalización
de estas instituciones, no hay ningún compromiso para
elevar sustancialmente los sueldos de los trabajadores y con
esto contribuir a la recapitalización del sistema de seguridad
social. Los trabajadores del sector salud resienten el castigo
a sus percepciones y las sobrecargas de trabajo de las que son
objeto, con el gobierno de López Obrador, eso no cambiará.
Finalmente,
hay que detenerse en el último compromiso,
el que plantea que el tabasqueño se someterá al
principio de revocabilidad y que es pura falsedad.
En
el DF, López Obrador estableció un mecanismo
de consulta a modo: se trató de una encuesta telefónica,
organizada y controlada por el mismo gobierno del DF. “para que
Andrés Manuel López Obrador siga como jefe de Gobierno,
marque uno. Para que no siga marque dos”, decía la convocatoria
publicada el 9 de diciembre de 2004, en la Gaceta Oficial del
DF. Ni el Instituto Federal Electoral ni el Instituto Electoral
del DF, instituciones reconocidas por los partidos políticos
con registro como árbitros electorales confiables tuvieron
algún papel en dicha consulta.
Es
un engaño. Realmente, López Obrador es un político
profundamente antidemocrático; una demostración
la constituye su negativa de que el Distrito Federal se convirtiera
en el estado 32 y, con ello, tuvieran los capitalinos derechos
ciudadanos plenos, como el de votar por diputados constituyentes
con el mandato de redactaruna constitución estatal, en
lugar de obedecer los designios del Congreso de la Unión
y el presidente de la República, quienes aún tienen
las facultades principales para regir a la ciudad. Otro ejemplo
de su antidemocracia fue la negativa a establecer en el DF un órgano
para la transparencia de la información gubernamental.
Ni qué decir de la propuesta hecha en años anteriores
para que se realice en México un Congreso Constituyente,
para que, democráticamente, la ciudadanía decida
sobre un nuevo texto constitucional para, entre otras cosas,
acabar definitivamente con el régimen político
presidencialista y construir uno verdaderamente democrático.
La posición del nacido en Tepetitán, municipio
de Macuspana, Tabasco, se resume en una frase que se le ha vuelto
famosa: “Hay que respetar la institución [presidencial].
No hay que astillar la silla... porque si no, nadie se va a poder
sentar en ella después”. [14]
La gran mentira
El
lema principal de la campaña de López Obrador
dice “por el bien de todos”, incluso le da nombre a su alianza
con los partidos del Trabajo y Convergencia. Es una gran mentira.
No
será posible, de ninguna manera, ejercer el poder
en beneficio de los banqueros o los industriales capitalistas
y, al mismo tiempo, de los trabajadores del campo y la ciudad.
Sus intereses son opuestos por el vértice. La riqueza
de unos implica la pobreza de otros, porque los buenos negocios
y las inversiones redituables lo serán siempre y cuando
se logre que los trabajadores sean brutalmente explotados; es
decir, su trabajo les sea despojado para únicamente recibir
en pago por él un minúsculo salario que sólo
cubre una parte de ese trabajo realizado.
Mientras
Carlos Slim escala posiciones en la lista de los más
ricos del mundo, millones de trabajadores, campesinos, indígenas,
jóvenes o desempleados son cada vez más pobres
y viven peor.
El
gobierno de López Obrador beneficiará a los
ricos, de eso no queda duda. Trabajará todos los días
para resguardar sus intereses, calmar su nerviosismo, darles
estabilidad y seguridad para ganar mucho dinero. Simultáneamente,
millones seguirán siendo explotados, despojados de sus
derechos, de sus prestaciones, de su salario, a cambio de unos
cuantos pesos, de concesiones minúsculas a los ancianos,
a los discapacitados o las madres solteras. El resultado final
será un país más pobre en su conjunto y
capitalistas más poderosos… a menos que los de abajo decidamos
impedirlo y demos la batalla por tomar la conducción del
país en nuestras manos y ponerlo al servicio de nuestros
intereses.
Notas
1
LA REVISTA, 74, 25 al 31 de julio de 2005. López Obrador
y su nuevo perfil. Un neoliberal de izquierda.
2
Los llamados Acuerdos de San Andrés se fi rmaron el
16 de febrero de 1996; fueron el resultado parcial de la negociación
entre los representantes del gobierno de Ernesto Zedillo y la
comandancia del EZLN. La dirección zapatista estableció en
el inciso B del Acuerdo entre el gobierno federal y el EZLN su
insatisfacción sobre aspectos particulares abordados en
la discusión del Tema I, sobre derechos y cultura indígena.
3 50 COMPROMISOS
4 LA REVISTA 74
5
HOJA OBRERA 74, julio de 2005, La carrera precios- salarios
deteriora el poder adquisitivo de los trabajadores. “El permanente
rezago de los salarios respecto a la inflación, ocasionó la
pérdida sistemática del poder adquisitivo de las
remuneraciones de los trabajadores. Entre 1976 y el 2004, el
salario mínimo perdió el 80% de su poder adquisitivo,
lo que no sólo afectó a los que ganan el minisalario,
sino que también presionó el de todos los trabajadores
del país. Entre 1982 y el 2004, las remuneraciones promedio
contractuales se precipitaron 56.2% a precios de 1994, las manufactureras
descendieron 29.5%, las de la industria de la construcción
disminuyeron 40.4%, los salarios medios del IMSS perdieron 39.5%
y las remuneraciones de la industria maquiladora de exportación
bajaron 7.5 por ciento. Respecto a la devaluación de diciembre
de 1994 a mayo del 2005, según estimaciones de la Universidad
Obrera de México (UOM), el salario mínimo perdió 50.5%
en términos reales y actualmente representa sólo
16.1% del salario nominal vigente. Para que el minisalario estuviera
apenas al nivel de 1994, requiere de un aumento no menor del
312.35%, debido a que se requieren 4.12 salarios mínimos
para adquirir una Canasta Básica Indispensable (CBI).
De diciembre de 1994 a mayo del 2005, los precios de la CBI aumentaron
520%, mientras que el salario mínimo sólo se incrementó 206.48
por ciento.”
6 ANUARIO ESTADISTICO DEL COMERCIO EXTERIOR DE LOS ESTADOS UNIDOS
MEXICANOS
2003.
INEGI. El total de exportaciones realizadas a Estados Unidos
en el año 2003 alcanzó los 146 mil 396 millones
100 mil dólares, que representó el 88.8 por ciento
del total de las exportaciones mexicanas
7
HOJA OBRERA 16, marzo de 1998: la venta de TELMEX fue por un
cuarto de su valor, algo similar sucedió con TV Azteca,
sin contar los casos Salinas o Cabal Peniche, entre otros muchos)
las empresas paraestatales pasaron de 1,115 a 219 entre los años
de 1982 y 1994. Una parte de los recursos (63,890 millones de
pesos) obtenidos durante los años de 1990 y 1994, se incluyó en
un Fondo de Contingencia que fue arrasado, junto a los 28,000
millones de dólares que formaban la reserva del Banco
de México, en diciembre de 1994
8 LA JORNADA, 11 de marzo de 2006
9
50 COMPROMISOS… Al cierre de marzo de 2005 la deuda pública
total (incluyendo la deuda contingente) ascendía a 3 billones
260 mi 322 millones de pesos, de los cuáles casi la mitad
(46 por ciento) corresponde a pasivos contingentes.
10
LA CRÓNICA
DE HOY. AMLO, Fobaproa y su doble discurso, por David Romero
Ceyde.
11
50 COMPROMISOS…
12
50 COMPROMISOS…
13
Según datos de la Secretaría de Hacienda, en
2005, el gobierno pagó más de 154 mil millones
de pesos, por intereses de la deuda pública, tanto interna
como externa; en perspectiva, el monto total del endeudamiento
no se reducirá ni las tasas de interés que deben
pagarse por ella disminuirán significativamente, por lo
que es previsible que el gobierno de López Obrador tenga
que erogar cantidades proporcionalmente similares a las que ha
pagado Fox.
14
EL SIGLO DE TORREÓN, 10 de febrero de 2004. Jaque
Mate, por Sergio Sarmiento.
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