En México se incuba una revolución democrática
Partido Obrero Socialista (Zapatista)
Índice
Presentación
Introducción
Capítulo
I
Una revolución democrática traicionada
Capítulo
II
1989-1991: un retroceso en la lucha de clases
Capítulo
III
Agosto de 1991, quiebra del proceso de fortalecimiento salinista
Capítulo
IV
La perspectiva del fracaso del plan económico y el Tratado de Libre
Comercio (TLC)
Capítulo
V
La crisis en el régimen
Capítulo
VI
Movimiento de masas en ascenso
Capítulo
VII
Hacia una situación revolucionaria más profunda que la de 1988
¡Por una revolución democrática que derroque al régimen
del PRI!
(Documento programático)
I. Introducción
II. ¡Repudiemos el Tratado de Libre Comercio!
III. Hacia un revolución democrática
IV. Por un frente nacional de lucha
V. Por la construcción de un partido revolucionario
VI. Solidaridad internacional
VII. Por un México Socialista
Presentación
En
México se incuba una revolución democrática: tal es la
idea central contenida en el documento que aquí publicamos. De acuerdo
con nuestro análisis, el sistema político que durante largas
décadas ha dominado el escenario nacional se encuentra decadente y
en crisis. Su colapso podría sobrevenir si se conjuga un nuevo estallido
de la economía con un aceleramiento, extensión y coordinación
de las protestas obreras y populares.
Llamamos a este proceso revolución democrática por que acabaría
con un régimen político dictatorial en el que un partido, el
PRI, ha monopolizado la vida política mexicana, y el presidente en
turno del país concentra todos los poderes, toma las principales decisiones
y se comporta como un emperador.
Esta revolución política sería parte de una revolución
más profunda, el prólogo de una revolución socialista,
la que a su vez sería la continuación del movimiento liberador
que iniciaron los obreros de Cananea y Río Blanco a principios de siglo;
por la que pugnaron los trabajadores, obreros agrícolas y campesinos
comandados por Emiliano Zapata y Francisco Villa, y la que siguieron desarrollando
los trabajadores petroleros cuando conquistaron la expropiación de
nuestra principal industria a fines de los años 30.
De igual forma, la revolución que decimos se gesta en México
es parte de la revolución socialista internacional, que actualmente
se expresa en el derrocamiento -por los pueblos de la ex URSS y de Europa
central y oriental- de los regímenes dictatoriales stalinistas que
tanto daño hicieron a la causa obrera y socialista mundial.
Contra los que opinan que el capitalismo no sólo ha salido victorioso
de los enfrentamientos de los últimos años, sino que es además
el mejor sistema económico para la humanidad, algunos acontecimientos
recientes presentan una perspectiva diametralmente opuesta: la rebelión
negra y chicana en los Ángeles y decenas de ciudades estadounidenses;
la huelga victoriosa de los trabajadores públicos alemanes; las huelgas
y manifestaciones obreras en casi toda Italia; las huelgas generales en Ecuador
y Bolivia y, de manera destacada, la caída del neoliberal expresidente
Collor de Mello en Brasil, camino que podría seguir su homólogo
Carlos Andrés Pérez en Venezuela.
No menos importantes que los anteriores, otros sucesos que también
contradicen la supuesta estabilidad del nuevo orden mundial son los numerosos
referéndums que, contra su voluntad, distintas burguesías han
debido realizar en varios países, los cuales han sido ganados -con
excepción del francés -por la población trabajadora.
N todo el mundo los trabajadores exigen democracia y derecho a la autodeterminación
nacional, se movilizan por cientos de miles contra el racismo -como Alemania,
España y Austria- y llevan a cabo luchas cada vez más decididas
contra los planes económicos neoliberales.
El Partido Obrero Socialista- Zapatista (POS-Z) busca ser protagonista de
esta larga marcha de los trabajadores por su emancipación social, económica
y política. Entre otras resoluciones tomadas en su Cuarto Congreso
Ordinario, realizado en noviembre de 1992, decidió emprender una campaña
contra el Tratado de Libre Comercio, por considerar que tal acuerdo beneficia
a las compañías trasnacionales y a los grandes capitalistas
de los países involucrados, y es lesivo para la soberanía nacional
y las condiciones de vida y de trabajo de los obreros de las tres naciones.
El POS (Z) denuncia que el presidente de la República y los 64 senadores
no deben decidir por todos los mexicanos, y exige la realización de
un referéndum para que los ciudadanos puedan votar democráticamente
sobre un tratado que afectaría de manera notable la vida de la nación.
El documento que aquí presentamos fue aprobado por el IV Congreso del
POS (Z). De esta manera, dicho documento, junto con el programa político
para la presente coyuntura que lo acompaña, son el resultado de las
aportaciones y el debate de los militantes de nuestro partido, quienes participan
activamente en sindicatos, universidades, barrios populares y ejidos.
Sin embargo, al publicar este material lo hacemos con el ánimo de que
trabajadores, estudiantes, campesinos e intelectuales puedan enriquecer las
tesis aquí planteadas y discutir con nosotros sus comentarios críticos.
Enero de 1993.
1. La estabilidad económica es precaria. En 1992, México habrá importado bienes y servicios por un volumen muy superior a lo que significará sus ventas al exterior, y el resultado será un saldo negativo por más de 16 mil millones de dólares. Este enorme déficit en la balanza comercial sería difícil cubrirlo con las inversiones extranjeras que llegaban a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), pues está ha caído en los últimos meses. Los pagos de intereses de la deuda externa han vuelto a ser tan elevados como antes de que ésta fuera renegociada en 1989, y la deuda interna es cuantiosa. Por si fuera poco, la economía, luego de tres o cuatro años de crecimiento, ha vuelto a "desacelerarse", es decir, a la recesión, y se calcula que el peso está sobrevaluado en 30 por ciento. Empero, el gobierno tiene en sus reservas financieras una cantidad impresionante de dólares (alrededor de 18 mil millones), la inflación es la más baja en muchos años y la expectativa para la posible concreción del Tratado de Libre Comercio (TLC) puede atraer inversiones y general empleos.
2. El principal soporte externo del régimen del PRI y el gobierno, el imperialismo yanqui, sufre una profunda crisis económica. La derrota electoral de Bush y la oposición al TLC del movimiento obrero estadounidense y otros sectores en ese país puede complicar las relaciones entre el gobierno de Salinas y la administración de los demócratas estadounidenses.
3. El gobierno de Salinas ha logrado soldar una alianza con un sector importante de la burguesía, el cual ha obtenido durante estos años ganancias fabulosas. No obstante, el secretario de Comercio reconoció que el TLC afectará a algunas fracciones de la clase dominante. Por lo pronto, al de los neobanqueros han constatado ya que sus intereses serán parcialmente afectados con el acuerdo comercial.
4. Durante los primeros años de la administración de Salinas, el crecimiento económico permitió que algunos sectores de la pequeña burguesía y de la clase media se beneficiaran y volvieran a apoyar al régimen y al gobierno. Los barruntos de estallido de una nueva crisis económica indican que estos sectores pueden perder sus privilegios y que su apoyo al régimen es inestable.
5.
Existe un descontento popular generalizado que se expresa en movilizaciones
constantes. Es un movimiento defensivo que resiste los golpes de la contrarrevolución
económica y los planes de contrarrevolución jurídica,
política y nacional del gobierno, el imperialismo y la burguesía.
Aunque recibe golpes y lucha sin coordinación regional ni nacional,
no ha podido ser derrotado y en ocasiones da pasos hacia delante. Su principal
debilidad estriba en la incapacidad que ha mostrado para conformar un organismo
frentista que le permita encarar en mejores condiciones al gobierno y la patronal.
Una de las características más importantes del actual movimiento
es la presencia de la clase obrera industrial, que durante muchos años
de la década pasada no salió a pelear. Ahora, prácticamente
no hay sector del movimiento de masas que no se encuentre en lucha. Además
de la movilización obrera, campesina y popular por sus reivindicaciones
económicas y sociales, las protestas contra los fraudes han generado
grande movilizaciones y algunas han derivado en triunfos importantes, como
los de San Luis Potosí, Guanajuato, Tabasco Chihuahua y Michoacán.
6.
El régimen del PRI atraviesa por una intensa crisis. Los procesos electorales
carecen de credibilidad y, en lugar de servir para legitimar en las urnas
las imposiciones del presidente, son ocasión para luchas y protestas.
El partido oficial es quizá la institución más afectada
por esta crisis y en algunas entidades se encuentra en muy malas condiciones.
El aparato oficial de control de la población (los charros de los sindicatos,
agrupaciones campesinas, populares y estudiantiles) vive en distintos grados
crisis o desbordamientos.
Por otra parte, Salinas ha logrado superar el estigma de ser presidente mediante
el fraude electoral y cuenta con una popularidad considerable. El apoyo de
la Casa Blanca y la recuperación económica le han permitido
contar con recursos para gastos sociales a través del Programa Nacional
de Solidaridad (PRONASOL), con lo que recuperó el apoyo de algunos
sectores populares y marginales. También logró reconquistar
electoralmente el corazón del país, el Valle de México,
donde además no se han originado las principales luchas obreras y las
protestas.
7. Entre mayor es la voluntad de las masas para la lucha, entre más se agudiza la crisis del régimen la economía tiende a estallar, más dramática se hace la ausencia de una dirección revolucionaria. La mayoría de los partidos han claudicado al régimen o directamente se han integrado a él, como el PAN; la traición del PRD al movimiento de masas ha tenido consecuencias graves. El impacto que ha tenido en la conciencia de los trabajadores la propaganda burguesa que señala que le socialismo ha fracasado, ha influido negativamente en la disposición de la vanguardia para militar en los partidos de izquierda. Sin embargo, advertimos el surgimiento, embrionario y lento, de una vanguardia sindical que tiende a coincidir con nuestro programa contra los planes económicos neoliberales.
8.
Todo ello se da en el contexto de una situación mundial y convulsionada,
de revoluciones democráticas, rebeliones, guerras de liberación
nacional y agresiones políticas y militares estadounidenses. Destaca
la fuerte crisis económica que golpea a los países imperialistas
y que las grandes movilizaciones populares y protestas han llegado a estados
Unidos, Alemania, Francia, Gran Bretaña, España y Japón.
Los planes de restaurar el capitalismo en Europa del Este y la ex URSS, además
de que no avanzan, provocan cada vez más el enfrentamiento d en las
masas contra las medidas de la burocracia y el imperialismo.
En Centroamérica, ni los acuerdos de paz, ni la invasión yanqui
a Panamá, ni las promesas de préstamos son garantía para
la pacificación de la región; al contrario, hay un renovado
proceso de exacerbación de la lucha de clases. Lo mismo sucede en el
Cono Sur de América Latina: el combate obrero y popular contra los
planes económicos del Fondo Monetario Internacional (FMI), que aplican
los gobiernos del área, como en Venezuela y Brasil, ha provocado fuertes
crisis gubernamentales e intensas batallas de las masas, que ya echaron abajo
al antiguo presidente brasileño Collor de Mello. Su homólogo
venezolano, Carlos Andrés Pérez, puede correr la misma suerte.
9. Con base en lo anterior, consideramos que la dinámica que seguirá la situación nacional estará marcada por las siguientes tendencias: profundización de la crisis del régimen político; fracaso del plan económico; mayor exacerbación de la lucha de clases y coordinación nacional de movimiento de masas. La combinación de estos elementos abriría una situación revolucionaria (que podría ser más profunda que la de 1998), en la que probablemente se dé un proceso de revolución democrática, es decir, estaría planteada nuevamente la caída del régimen del PRI. En otras palabras, la situación de México tiende a sincronizarse con la de los países más convulsionados por la crisis económica y política en América Latina.
Los
marxistas consideramos que la situación nacional presente es a su vez
el resultado de los hechos del pasado y de la incidencia de los acontecimientos
internacionales en nuestro país. Indagando en los hechos más
notables del pasado es como podremos entender el presente y elaborar hipótesis
sobre el futuro. Fieles a este método, afirmamos que sólo podremos
entender lo que ocurre actualmente en México si nos remitimos a los
sucesos de 1988. Las movilizaciones que se dieron el marco de las elecciones
de ese año son nuestro principal punto de partida para saber qué
pasa en el país y para intentar captar cuál será la dinámica
de los acontecimientos.
Decimos que hace cuatro años se abrió en México una situación
revolucionaria, es decir, una situación en la que las movilizaciones
de la población contra el gobierno fueron tan grandes que existió
la posibilidad de que cayera el régimen dictatorial del PRI, que se
derrumbara el sistema político mediante el cual el partido oficial
se ha perpetuado en el poder durante largas décadas. Pero antes de
analizar por qué no triunfó esta revolución democrática,
es pertinente repasar las definiciones sobre algunas situaciones de la lucha
de clases.
La importancia de definir cuál es la situación
de la lucha de clases
La primera regla de la política dice que un partido tiene que saber qué fuerza tiene la clase que representa y cuánta la clase rival. Si se minimiza lo que uno tiene, por ejemplo, no podrá aprovecharla en toda su potencialidad para avanzar y capitalizar la debilidad del enemigo. En cambio, hay ocasiones en que los adversarios están muy fuertes y nosotros débiles y, en ese caso, lo mejor es replegarse con el mayor orden, tratando de salir de la batalla lo menos golpeados. En otras palabras, para cada relación de fuerzas nuestro partido tiene una política determinada. A veces, como hemos visto, ésta es ofensiva: tras es defensiva.
La
situación contrarrevolucionaria
Cuando la burguesía y/o la burocracia le han asestado una derrota brutal
y sangrienta al conjunto de la clase trabajadora y al pueblo, que los postren
durante varios años, decimos que existe una situación contrarrevolucionaria.
Un ejemplo clásico es el golpe de Estado en Chile, donde luego de Pinochet
aplastó a los trabajadores tomó el poder.
La
situación no revolucionaria o de paz social
Otra situación de lucha de clases es cuando existe "paz social",
cuando las clases no están enfrentadas fuertemente y hay estabilidad
y equilibrio. En estos casos el estado de la economía es bueno y la
burguesía pueda hacer concesiones materiales a los trabajadores, por
lo que éstos no se ven obligados a dar batallas importantes. Una situación
como ésta la tuvieron Estados Unidos y los países imperialistas.
La
situación prerrevolucionaria
Esta se da cuando el régimen burgués entra en crisis como producto
de la movilización de las masas, que luchan en todo el país,
aunque en forma dispersa, sin lograr unirse a nivel nacional. Es prerrevolucionaria
porque aún no está planteado el problema del poder, pero ya
están maduras las condiciones para ello.
La
situación revolucionaria
Esta aparece cuando las masas populares logran unificar su odio contra el
régimen en una gran movilización unificada a escala nacional,
provocando que la crisis del régimen se convierta en total y absoluta.
Durante estas situaciones el régimen puede caer.
Esto último es lo que nosotros decimos que ocurrió en México
en 1988: hubo una gran movilización unificada de las masas a escala
nacional que agravó la crisis del régimen a grados tales que
estuvo planteado el problema del poder, es decir, pudo haber caído
la dictadura del PRI y haber ocupado el gobierno otro partido. Pudo haber
triunfado una revolución democrática, es decir, una revolución
que derrumbara el régimen político dictatorial del PRI y que
instaurara un nuevo régimen político, democrático, en
le que las luchas de los trabajadores y del pueblo se darían con más
libertades.
Esta revolución democrática sería, por su resultado,
una revolución política, todavía no social ni económica.
Pero por el hecho de que el sujeto social que la llevaría a cabo serán
los trabajadores del campo y de las ciudades, y a través de los métodos
de lucha que les son característicos, será parte de una revolución
socialista, uno de sus primeros y más importes momentos. Esta revolución
democrática derrocaría a un régimen político y
a un gobierno capitalista y cada vez más proimperialista. Por este
motivo, por las clases que afectará, aunque sólo en el plano
político, es parte de una revolución socialista.
Una vez que el pueblo mexicano, una vez que el proletariado haya conquistado
la democracia -es decir, condiciones propicias para luchar, para movilizarse
y organizarse libremente, así como para desarrollar su conciencia y
su partido político revolucionario- podrá dirigir sus combates
centralmente contra el capitalismo y el imperialismo, y ya no de manera principal
contra la antidemocracia que en la actualidad que en la actualidad impera.
En ese momento se habrá abierto en el país la posibilidad de
continuar la revolución, que en su forma y en su contenido será
socialista, como la Revolución de Octubre en Rusia en 1917, contra
los capitalistas y los imperialistas, y por un régimen de democracia
obrera y de solidaridad internacionalista.
México 1988: una situación revolucionaria
Llegamos a 1988 en medio de una fuerte crisis y recesión económicas,
provocadas fundamentalmente por la enorme deuda que ahogaba las finanzas gubernamentales.
La población padecía un brutal deterioro en su nivel de vida,
principalmente sus estratos más bajos, y la clase media había
visto decaer en gran medida sus ingresos. Un amplio sector de la burguesía
-sobre todo pequeños y medianos empresarios- registraban una fuerte
merma en sus ganancias o quiebras de sus empresas como producto de la política
de mayor apertura al comercio exterior, iniciada desde 1983. La política
gubernamental de privatización, liquidación o transferencia
de las empresas paraestatales se sumaba a la quiebra de empresas privadas
y agravaba el desempleo y subempleo.
La crisis del régimen se expresó claramente con el descontento
de diversos sectores del PRI frente a la designación de Salinas de
Gortari como candidato a la presidencia y la ruptura de un ala de ese partido
encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y Muñoz Ledo. Una
división y fractura como esa no se daba en el PRI desde hace décadas,
es un hecho histórico. Es decir, se produjo una ruptura en el principal
partido burgués, en una de las principales instituciones del régimen
dictatorial.
El descontento social se hacía cada vez más patente y la actitud
de la población frente al gobierno y el régimen era de desconfianza.
A pesa de una fuerte represión, el presidente De la Madrid no había
logrado contener las luchas. El movimiento de masas venía de dos grandes
experiencia de lucha y organización: la de los damnificados por los
sismos de 1985 y el movimiento estudiantil triunfante de 1986-1987. Además,
en el verano de 1986 las movilizaciones contra el fraude en el estado de Chihuahua
propinaron un fuerte golpe al gobierno. La iglesia católica cumplió
un papel preponderante para controlar estas movilizaciones.
El descontento de las masas se expresó con fuerzas en 1988, principalmente
en el proceso electoral. Sin embargo, no fue la existencia del cardenismo
la causante de la movilización social, sino el canal por donde se expresó
principalmente la furia contra el régimen y las precarias condiciones
de vida del pueblo. Las campañas de Cárdenas y el PAN fueron
grandes movilizaciones nacionales contra el régimen. Centenas de miles
de personas se movilizaban en concentraciones de apoyo a sus candidatos, en
repudio al partido oficial y a sus candidatos. Veían en el Frente Democrático
Nacional o FDN (frente en el que confluyeron la corriente que rompió
con el PRI, el PMS, PPS, PFCRN, MAS y PARM, entre otras) una posibilidad real
de derrotar al PRI en las elecciones del 6 de julio. Amplios sectores del
proletariado, campesinos, clasemedieros, algunos sectores burguesas, militares
e incluso bases priístas apostaron su voto a favor del hijo del ex
presidente Lázaro Cárdenas.
Si se ubica a México en el contexto internacional de ese tiempo se
verá que la revolución (fracasada) no hubo en nuestro país
en ese año fue parte y pionera de una oleada revolucionaria que sacudió
prácticamente a todo el mundo, oleada que tuvo entre sus éxitos
más importantes la caída de los regímenes dictatoriales
de Europa oriental y central. Es una fase que va de las revoluciones democráticas
en México y en Birmania en 1988, por los primeros síntomas importantes
de la revolución política en la Unión Soviética
(las luchas de liberación nacional en los países bálticos
y en Georgia y Armenia), por la revolución estudiantil y obrera sangrientamente
reprimida en China y que culmina quizá con la ejecución de lo
bárbaros dictadores Ceaucescu en Rumania y la caída del Frente
Sandinista en Nicaragua, castigado y repudiado con el voto obrero y popular
(febrero de 1990).
La traición de la revolución anti PRI
El
16 de julio el PRI, su candidato presidencial Salinas y el resto de sus candidatos
fueron barridos en el Valle de México y las principales ciudades y
plazas del país. Los electores no fueron sólo a depositar su
voto sino que se apersonaron durante horas a defenderlo, continuando con la
movilización popular que ya se venía dando en mítines
y marchas electorales. Millones de mexicanos fueron protagonistas de la derrota
en las urnas del partido tricolor. Pero la traición del cardenismo,
de sus seguidores y el PAN facilitaron la imposición de Salinas de
Gortari como presidente de la República.
Expliquemos estas afirmaciones Mucha gente esperaba que Cárdenas defendiera
su triunfo y tuviera una política para hacer respetar el sufragio.
Nada de eso ocurrió, Cárdenas traicionó la lucha y llamó
a apegarse a la "legalidad" y "al régimen constitucional",
lo cual en hechos significó dar oportunidad al gobierno para que legalizara
el fraude. En esta tarea le acompañaron el PAN y el PRT. Cuauhtémoc
Cárdenas y su equipo prefirieron su derrota a que en México
se hubiera dado una revolución mediante la cual cayera una dictadura
priísta. Tuvieron la opción de estar a la cabeza de un pueblo
revolucionario, de luchar por defender sus votos y eventualmente de triunfar
y constituir un gobierno sobre las ruinas del priato, pero prefirieron vérselas
con Salinas como presidente que con un pueblo movilizado,revolucionario y
triunfante.
En el caso en que se hubiera derrotado el fraude, Cárdenas habría
instalado otro gobierno burgués, pero hubiera sido un gran paso adelante,
una victoria histórica del pueblo mexicano al destruir el régimen
de partido único. Ello hubiera significado conquistar amplias libertades
democráticas e iniciar una etapa más favorable para la lucha
de los trabajadores en el país. Ese hecho hubiera significado un parteaguas
histórico en la vida política nacional.
La conducta de Cárdenas y su corriente política de permitir
la asunción fraudulenta del gobierno de Salinas se explica por su carácter
burgués. El derrumbe del priato hubiera sido una grave derrota para
la burguesía y el imperialismo. Cárdenas traicionó al
pueblo mexicano pero fue fiel a su clase.
Otro hecho que tiene mucha importancia para nosotros es que ene estas elecciones
la izquierda clasista -los que postulamos a Rosario Ibarra a la presidencia
de la República- obtuvimos una cantidad marginal de votos, aproximadamente
el 0.5 por ciento de la votación nacional. La aparición del
cardenismo nos cerró el espacio electoral.
Mayo de 89: termina la situación revolucionaria
Si bien se perdió la posibilidad de que triunfara una revolución
democrática, la situación revolucionaria continúo durante
algunos meses. Las luchas prosiguieron con fuerza hasta el movimiento magisterial
de abril-mayo de 1989.
Ese movimiento es uno de los más importantes que se han dado en nuestra
historia reciente. Se fueron a la huelga de hecho, es decir, a la huelga extralegal,
alrededor de 450 mil maestros de los estados más importantes del país.
Logró sensibilizar y captar la solidaridad de los trabajadores y padres
de familia, tuvo la capacidad de convertirse en un eje de referencia para
otros sindicatos y sectores y alentó otras movilizaciones. El movimiento
desbordó completamente el control de los líderes sindicales
priístas, los charros, y se organizó en forma paralela a las
instancias sindicales. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación
(CNTE) fue el organismo de organización y dirección de ese movimiento
y los maestros lograron la caída del charro Jonguitud y un incremento
salarial. Creemos que Lenin hubiera dicho que ese movimiento fue una gran
"acción histórica independiente" de los maestros mexicanos
y sus aliados, característica de las situaciones revolucionarias.
Este imponente movimiento fue también parte de otra gran alzad e las
luchas populares en América Latina. No olvidemos que en febrero-marzo
de ese año estalló en Venezuela, en sus principales ciudad,
el llamado carachazo, insurrección que puso en vilo al entonces flamante
gobierno de Carlos Andrés Pérez y que lo dejó herido
de muerte. Pocos meses después sucedió algo similar, pero en
Argentina, en el Gran Buenos Aires y en Rosario: las masas protagonizaron
una insurrección que sacó del gobierno al presidente Raúl
Alfonsín. Estas tres grandes rebeliones populares en algunos de los
principales países del subcontinente tuvieron como causa que sus gobiernos
estaban aplicando planes económicos neoliberales dictados por el Fondo
Monetario Internacional y, en el caso de México, el movimiento se dirigió
también contra uno de los pilares del régimen dictatorial, el
charrismo, que durante décadas ha mantenido sometida la voluntad de
lucha de los trabajadores. Hay que notar que el magisterio mexicano creó
para su lucha la CNTE, un organismo democrático formado al margen de
los charros, del PRI y del gobierno, mediante el cual cimbró a las
instituciones del régimen de dominación burguesa.
Sin embargo esa gran jornada de lucha, que puso en jaque el plan económico
de Salinas y el FMI, al propio gabinete y especialmente al charrismo sindical,
esa portentosa movilización que fue incluso superior a la que hubo
luego de los sismos del 85, no derivó en una gran lucha nacional coordinada
de todos los movimientos que se daban en ese momento. En la ausencia de un
frente de todos los sectores en lucha que permitiera enfrentar en mejores
condiciones al gobierno de Salinas tiene una enorme responsabilidad el PRD,
que ha hecho todo lo posible por desmantelar al movimiento y ha puesto a sus
dirigente magisteriales al servicio de una política conciliadora con
el gobierno. También los dirigentes magisteriales de la llamada "ultraizquierda"
aislaron el movimiento y no tuvieron la política de que éste
fuera la columna vertebral de un frente nacional de sindicatos y organizaciones
y campesinos, colonos y estudiantes. Por último, nuestro papel como
dirección revolucionaria, si bien fue un éxito en relación
con nuestras modestas fuerzas, no tuvo un peso tal que permitiera cambiar
la política sectaria o conciliadora de los dirigentes oportunistas
y ultraizquierdistas.
El movimiento magisterial es el hecho que pone fin a la situación abierta
en 1988. Fue la última gran acción nacional del movimiento de
masas. El gobierno retrocedió unos pasos, le hizo algunas concesiones
parciales para apaciguarlo, pero luego lanzó una fortísima contraofensiva
en todos los planos.
Resumiendo, decimos que en el periodo 1988- mayo de 1989 había una
situación revolucionaria porque se combinaron los siguientes factores:
1) grave crisis económica; 2) crisis y división de la clase
dominantes; 3) crisis del régimen, que llegó al punto de su
posible caída; 4) voluntad revolucionaria de las masas, que estuvieron
dispuestas a derribar al gobierno y al régimen. La ausencia de una
dirección revolucionaria facilitó que este proceso fuera conjurado
por una dirección burguesa; 5) la situación revolucionaria termina
con la última gran acción de envergadura nacional del movimiento
de masas, encabezada por el magisterio en abril-mayo de 1989, y con la contraofensiva
gubernamental.
George Bush y Fidel Castro, principales soportes
internacionales de Salinas
Salinas
llega al poder sumamente cuestionado, empero, contó con aliados de
mucho peso que lo favorecieron. Estuvieron en su toma de posesión representantes
de Bush. También se presentaron el presidente de Nicaragua, el sandinista
Daniel Ortega, nada menos que Fidel Castro y prominentes jerarcas de la Iglesia
Católica.
El apoyo del imperialismo gringo ha sido clave para el actual gobierno. Se
demuestra que al imperio le interesa poco la existencia de democracia en otros
países y que es capaz de hacerse de la vista gorda ante fraudes tan
monstruosos como el perpetrado en México en 1988. Además de
solidaridad política, el imperialismo yanqui salió al rescate
de la economía mexicana con la llamada renegociación de la deuda
externa y con el otorgamiento de créditos y préstamos, favores
que más tarde se cobraría en las negociaciones del TLC.
La presencia de Ortega y Castro fue una traición, una bofetada a los
trabajadores mexicanos, que consideraban que ambos personajes encarnaban la
democracia, la lucha por el socialismo y el combate al imperialismo norteamericano;
no obstante, vinieron a servir de aval del que fuera candidato presidencial
de PRI, que asumía el poder en forma fraudulenta, cuestionado por las
masas y en estrecha relación con el imperialismo. Si Fidel Castro y
Daniel Ortega venían a reconocer que Salinas era el presidente de México
e, implícitamente, que él había sido el triunfador el
6 de julio de 1988, muchos se preguntaron: ¿qué razón
tenía continuar diciendo que el nuevo gobierno del PRI era producto
del fraude y, por tanto, ilegítimo?
También se hicieron presentes, en ese momento difícil para los
capitalistas mexicanos, presidentes de otras naciones latinoamericanas y europeas,
en un acto de solidaridad internacional burguesa. La presencia de la jerarquía
eclesiástica fue igualmente expresión de su complicidad con
el fraude y la imposición. Más tarde los curas cobrarían
su factura con las modificaciones al artículo 130 de la Constitución.
Salinas asumió así la presidencia y se consolidó con
el aval de lo más representativo del abanico contrarrevolucionario
internacional: por la derecha, el apoyo de los gringos y el Vaticano; por
la "izquierda", el de sandinistas y castristas; y en el centro,
las otras burguesías.
Ayuda
imperialista, en el fondo del milagro económico salinista
La perspectiva de una revolución en México alarmó sobremanera
a los gringos, ya que para ellos podría significar que ésta
se colocara a la Unión Americana a través de los más
de 12 millones de mexicanos o chicanos que viven en Estado Unidos. Los gringos
hicieron todo lo posible por conjurar la radicalización política
que se desarrollaba en México para evitar que el fermento revolucionario
desestabilizara el sur de Estados Unidos. Ya hemos dicho que se apresuraron
a brindar el mayo apoyo político a Salinas y también salieron
al rescate de la economía mexicana en crisis. Le dieron a Salinas un
trato privilegiado para que la carga de la duda externa no asfixiara a su
administración. Con la llamada renegociación de la deuda (1989),
el flamante presidente pudo erogar unos dos mil millones de dólares
menos al año por concepto de intereses y se redujo el débito
a 12 millones de dólares, para quedar en un monto total de 91 mil millones.
Junto con este éxito económico relativo, Salinas pudo apuntarse
uno de tipo político: logró que el país el asunto de
la voluminosa deuda externa dejara de ser uno de los grandes temas del debate
nacional. Los partidos políticos tradicionales dejaron de insistir
en la magnitud de la deuda y en las calamidades que le acarrea a la nación,
y en particular, a los trabajadores. Por otra parte, los yanquis hicieron
préstamos y abrieron créditos para que el nuevo gobierno mexicano
tuviera recurso que le permitieran paliar la crítica situación.
En menos de cuatro años de gestión se ha recibido alrededor
de 20 mil millones de dólares, la mitad de los cuales han venido del
Banco Mundial.
Otra fuente de recursos ha provenido de la venta de empresas y de bancos de
propiedad nacional, de la que se ha obtenido unos 20 mil millones de dólares.
Un ingreso más, y sustancial, tiene su origen en la sobreexplotación
petrolera: el incremento en la extracción de crudo y la desinversión
en esta industria, es decir, que desde hace unos diez años los dos
últimos gobiernos gastaron prácticamente todos los ingresos
petroleros, sin invertir en mantenimiento y en nuevas exploraciones, instalaciones
y plantas de este energético.
Los ingresos provenientes de las fuentes mencionadas crearon la ilusión
de un nuevo milagro económico en nuestro país que se tradujo
en un flujo importante de inversiones, con todo lo cual la economía
volvió a crecer, luego de largos años de recesión. Salinas
también logró deprimir aún más los salarios y
con el subsidio que los trabajadores dan al Estado a través de sus
bajos sueldos y la reducción del gasto social consiguió eliminar
el déficit en las finanzas públicas. Del mismo modo, logró
-principalmente gracias a la caída salarial y a la apertura comercial-
cierto control de la inflación, que bajó de más de 100
por ciento anual a un 15 por ciento en 1991.
Los
acontecimientos mundiales fortalecieron a Salinas
Las grandiosas revoluciones de 1989, 1990 y 1991, mediante las cuales cayeron
los regímenes dictatoriales de Europa y la antigua Unión Soviética,
fueron un golpe muy duro para el imperialismo y la contrarrevolución
pues cayó uno e los pilares de ésta última, el estalinismo,
lo cual cambió favorablemente la relación de fuerzas para los
trabajadores a nivel mundial. Estas revoluciones hicieron sentir su influjo
en México, en forma de luchas democráticas que se sucedieron
indefinidamente. Pero vinieron acompañadas de una paradoja: ideológicamente
fueron capitalizadas por el imperialismo, que pudo decir que había
fracasado el socialismo y confundir a un amplio sector de la vanguardia y
las masas.
Otra consecuencia que auxilió al gobierno fue que también en
México se dio el fenómeno mundial de adaptación total
al régimen capitalista de muchos dirigentes estalinistas o reformistas,
que pasaron de los partidos de izquierda a la colaboración directa
con e gobierno o el PRI. Entre los casos más conocidos están
el de Evaristo Pérez Arreola, Gustavo Gordillo, Rolando Cordera, Hugo
Andrés Araujo, Arturo Whaley y Héctor Barba.
La victoria de la coalición anti Irak comandada por los gringos también
favoreció a Salinas, quien, gracias al apoyo que brindó el imperialismo
durante la conflagración, quedaba como el hijo mimado del, en esos
momentos, triunfante y todopoderoso George Busch.
Sólida
alianza entre los de arriba, incluyendo al PAN
Los apoyos internacionales conseguidos por Salinas, sus golpes a los movimientos
de los trabajadores, los éxitos relativos de Pronasol, los avances
la confianza de la burguesía, que ha recibido utilidades fabulosas
en estos últimos años. Numerosos empresarios se han integrado
a militar en el partido oficial y obtienen cargos públicos. De la derrama
económica pudo recibir algunas tajadas un sector de la pequeña
burguesía y de la clase media, que pudo adquirir automóviles
nuevos a precios menores, créditos bancarios, dólares baratos,
etcétera. El gobierno pudo rehacer así la alianza entre las
clase privilegiadas, recomponer el frente contrarrevolucionario nacional.
El PAN vio en la nueva administración priísta a los ejecutores
de su programa económico neoliberal y se reintegró al régimen
como partido de oposición moderada, dispuesto a apoyar al gobierno
en la mayor parte de sus pasos, como cuando se contrarreforma, con ayuda de
este partido, el artículo 54 constitucional, que legaliza que un partido
(el PRI) con tan sólo el 35 pro ciento de la votación nacional
tenga derecho a la mayoría absoluta en el congreso para que no exista
"ingobernabilidad". Aunque en 1988 la campaña de Clouthier
agudizó la crisis política y concito el apoyo de millones de
ciudadanos que a través de la adhesión al PAN demostraron su
informidad con el PRI y su régimen, posteriormente se impuso en dicho
partido el ala conciliadora de Luis H. Álvarez y Diego Fernández
de Cevallos, que acepta ser el pilar de derecha del régimen y que empieza
a cogobernar el país a través de sus mandatarios en los sidos
de Baja California, Chihuahua y Guanajuato.
Derrotas
en el movimiento obrero
Inmediatamente después de que el nuevo gobierno diera unos pasos atrás
para apaciguar al movimiento magisterial de 1989, lanzó un tremendo
ataque contra el movimiento obrero y de masas, al que propinó algunos
golpes fuertes y debilitó y quebró momentáneamente su
línea ascendente. Entre estas derrotas están las de Modelo y
de Ford, que sumaron miles de despedidos y en esta última fábrica
hasta heridos y un muerto. Otras dos derrotas de consideración fueron
las de los maestros a fines de 1989, y la de los petroleros, que vieron diezmadas
las fuerzas de su sindicato al quedar despedidos varias decenas de miles.
Por otra parte, el gobierno dirigió buena parte de los recursos de
Pronasol hacia los barrios populares y marginales, con lo que logró
coptar a buena parte del movimiento de los colonos y recuperar base electoral.
La situación retrocede a prerrevolucionaria
Gracias a los hechos que hemos enumerado, el gobierno pudo cambiar a su favor
las relaciones de fuerza entre las clases; es decir, pudo anotarse su triunfo
más importante: hacer retroceder la situación de la lucha de
clases y conseguir cierta estabilización de las instituciones políticas.
Pero la propia magnitud de la crisis del régimen y la persistencia
de la lucha de las masas no le dará a Salinas la fuerza para hacer
retroceder la situación a no revolucionaria ni mucho menos a contrarrevolucionaria.
Aunque en 1988 no triunfó una revolución democrática,
el movimiento dejó maltrecho al régimen, el cual no pudo volver
a dominar como antes. Las movilizaciones se sostuvieron en una gran parte
del país, si bien de manera dispersa, recibiendo golpes, pero resistiendo.
Una muestra de que en esta fase el régimen no pudo recomponer sustancialmente
su crisis, la tenemos en la pérdida del PRI de Baja California a manos
del PAN en 1990, la primera entidad que se le escapaba al priato. En Michoacán,
el profundo descontento lleva a la toma masiva de alcaldías en contra
del fraude electoral de noviembre de 1989. La movilización no pudo
concretarse en un triunfo rotundo debido, nuevamente, a la traición
del cardenismo. La falta de credibilidad en las elecciones también
fue manifiesta en los comicios de ese año: el abstencionismo alcanzó
en algunos estados índices superiores al 80 por ciento.
El gobierno no logró revertir la crisis del régimen, sino sólo
amortiguarla, esencialmente a través de un fortalecimiento relativo
de la presidencia. Salinas no pudo hacer retroceder la situación a
no revolucionaria y mucho menos a contrarrevolucionaria. Y el retroceso relativo
que consiguió no se dio a través de un aplastamiento sangriento
de las luchas, como en China. Aunque el gobierno colocó al movimiento
a la defensiva, no le propinó ninguna derrota aplastante; éste,
con todas sus limitaciones, se diversificó y extendió. La calma
no fue lo dominante en el país y la voluntad de lucha persistió.
Por esto decimos que la situación de lucha de clases, de ser revolucionaria
hasta abril-mayo de 1989, retrocedió posteriormente, pero sólo
a prerrevolucionaria, como un augurio de nuevas embestidas de las luchas de
los trabajadores.
Con base en los éxitos logrados en materia económica, con el apoyo del imperialismo, la iglesia y la burguesía nacional, Salinas se sintió lo suficientemente fuerte como par tratar de imponer una política de "carro completo", de ganar todo y de manera apabullante en las elecciones federales de 1991. En el plan de Salinas este proceso electoral sería la oportunidad de mostrar que había logrado recuperar, para el régimen en los "viejos tiempos" estos comicios sería para el presidente la consagración política de su gobierno, y la señal de que los acontecimientos de 1988 habrían sido algo excepcional, un mal rato del sistema político.
1. Pero el plan falló. Las poblaciones de Guanajuato, San Luis Potosí y Tabasco, principalmente, lo echaron abajo. Protestaron y se movilizaron contra la imposición de los virreyes de Salinas en esas entidades. Con este revés el gobierno mostró que su avance contra los trabajadores era relativo, y que el país y el pueblo mexicano ya no soportaban regresar a la antigua época, en la que el PRI se comportaba como una aplanadora y el dominio del sistema político era abrumador. A partir de estos reveses se quiebra el proceso de fortalecimiento de la administración de Salinas; éste ya no puede modificar en su favor la relación de fuerzas entre las clases y, al contrario, se abre una dinámica distinta, en la que la perspectiva nacional apunta a que se abra nuevamente una situación revolucionaria.
Estos tropiezos electorales marcan una nueva fase en la crisis del régimen. Antes de las votaciones hubo una crisis para la organización de los comicios. Millones de ciudadanos no recibieron sus credenciales de elector, tanto por incapacidad gubernamental como por desinterés ciudadano o porque ello era parte de la estrategia de hacer fraude en las elecciones, lo que salió a la luz pública afectando al gobierno y la credibilidad en el proceso. Y después de las derrotas en los estados donde Salinas tuvo que recular, las bases priístas hicieron manifiesto su descontento en forma violenta, acelerando la crisis del PRI. El presidente perdió prestigio entre su base partidaria, que de pronto se sintió traicionada por su jefe máximo, pues desde su punto vista le "entregaba" plazas importantes a la oposición.
2. Junto con las movilizaciones contra el fraude, se desató un nuevo impulso en las luchas obreras y populares. Las ediciones de El Socialista de esos meses escribieron el torrente de manifestaciones, marchas y protestas que sacudieron a numerosos estados del país, entre las que destacan las huelgas obreras en Veracruz. El movimiento obrero, campesino y popular mostraba una rápida recuperación luego de las derrotas del segundo semestre de 1989.
3. Un hecho internacional que influyó en le fracaso del proyecto de estabilizar al régimen y de meter en cintura las luchas, fue el nuevo giro que dio la situación mundial con la revolución en la URSS, con la consecuente caída del régimen de partido único del PCUS -primo hermano del régimen del PRI- y de Gorbachov, otro gobernante mimado por los imperialistas. En ese contexto, al gobierno mexicano le era imposible aferrarse a mantener inalterable la dictadura priísta.
4. Agosto de 1991 abre una nueva perspectiva en la situación económica nacional: la bolsa sufre sus primeras sacudidas; los economistas empiezan a hablar de la fragilidad e la economía; el servicio de la deuda, así como el total, se incrementa nuevamente debido al endeudamiento gubernamental. Ese año se disparó espectacularmente el déficit en la balanza comercial, al llegar a casi 12 mil millones de dólares.
Estos
hechos no sólo quiebran el proceso de fortalecimiento de Salinas y
su gobierno, sino que también muestran lo que dos especialista estadounidenses
en México, Reding y Whalen, llaman la fragilidad política del
presidente Salinas, su productividad a doblarse y a ceder ante las movilizaciones
populares y la presión internacional. Los hechos reseñados señalan
también la dinámica de transición hacia una situación
revolucionaria; esto es, puede cambiar nuevamente la relación de fuerzas
entre las clases y abrirse una nueva y más profunda crisis en el régimen
y todas sus instituciones políticas.
Analizadas desde otro ángulo, estas elecciones no fueron tampoco una
catástrofe para el gobierno. El PRI recuperó su votación
en algunas regiones y obtuvo un triunfo rotundo, por ejemplo, en el Valle
de México, corazón demográfico, económico y político
del país. En esta región estratégica tuvo éxito
el plan gubernamental de construcción de grandes obras públicas,
y dejó sentir el desaliento por la traición cardenista. Por
ello decimos que estos comicios federales, analizados globalmente, no cambiaron
la situación de la lucha de clases de prerrevolucionaria a revolucionaria,
aunque tampoco quedó inalterable la situación anterior. A partir
de entonces estamos en una situación transitoria entre una situación
prerrevolucionaria y otra revolucionaria. Si el gobierno hubiera enfrentado
en el Valle de México una lucha como las de San Luis y Guanajuato,
es muy probable que se hubiera abierto nuevamente una situación revolucionaria,
pero no fue así.
La perspectiva del fracaso del plan económico y el Tratado de Libre de Comercio (TLC)
Hay
una serie de elementos que permiten caracterizar que la economía tiende
a estallar. No estamos en condiciones de prever cuándo ocurrirá
y los alcances que tendrá, pero es evidente que de ello depende, en
mucho, que el descontento social se incremente, que haya más movilizaciones
y que se profundice la crisis en el régimen y el gobierno.
La economía nacional ha dependido, en gran medida, de los créditos
externos y de los dólares provenientes de las exportaciones de petróleo
crudo. Ello la hacen frágil y vulnerable, sobre todo ahora que tales
fuentes de ingresos tienden a agotares. La administración de Salinas
de Gortari es la impulsora de un nuevo proyecto, el TLC, que intenta transformar
las bases económicas del país en un plan que, de tener éxito,
cambiaría el carácter de nuestra nación, implicaría
la pérdida de la soberanía nacional, la permanencia y consolidación
del régimen del PRI y la transformaciones retrógradas en todos
los niveles, incluidos el ideológico y el cultural.
El
agotamiento de los créditos y el pesado fardo de la deuda
George Bush y el imperialismo salieron en auxilio de Salinas. En 1989 le redujeron
una parte de la deuda externa, lo que hizo disminuir en casi 2 mil millones
de dólares (mmd) el pago anual de intereses, y el endeudamiento externo
total de 12 mmd, para situarse en 91 mmd. No obstante, estos apoyos sólo
fueron paliativos que ayudaron a Salinas durante años anteriores, porque
el problema de la voluminosa deuda pública externa permanece y tiende
a ser explosivo. En primer lugar, el proceso de endeudamiento no se ha detenido
y durante los tres primeros años de esta administración recibió
préstamos por unos 20 mmd. En segundo lugar, el pago de intereses y
del principal ha seguido significando una tremenda sangría para el
país, pues según datos oficiales recientes esta administración
ha erogado al exterior nada menos que 54 mmd; es decir, alrededor del 60 por
ciento del monto de la deuda total en 1989, pero sin que ésta se haya
reducido a la fecha (según la Secretaría de Hacienda actualmente
es de 91 mil millones de dólares). En tercer lugar, los bancos privados
extranjeros desconfían de la capacidad de pago de México y desde
fines del año pasado se niegan a otorgar nuevos préstamos. Sólo
están dispuestos a servir como intermediarios en la venta de valores
mexicanos, o a invertir en negocios que no ofrezcan riesgos. Únicamente
los bancos oficiales, como el Banco Mundial, el Exim y el BID, son los que
siguen otorgando préstamos al país. Y los créditos que
hace el Exim son de los llamados "encadenados", es decir, de los
que van aparejados de compromisos, como que PEMEX entregue las concesiones
de explotación a compañías estadounidenses.
De acuerdo con funcionarios gubernamentales la economía requiere cuando
menos 7 millones de dólares anuales en créditos nuevos para
continuar en crecimiento y hacer frente a "las obligaciones con el exterior".
Estos préstamos simplemente dan lugar a que el gobierno posponga las
soluciones, sin que haya una mejoría estructural de la economía.
La situación de la industria petrolera
es dramática y tiende a ser trágica
Las administraciones del PRI están matando a la gallina de los huevos
de oro: la industria petrolera. Cuando menos desde hace diez años no
se hacen inversiones con seriedad en áreas como perforación,
procesamiento y mantenimiento de las instalaciones, porque el gobierno dispone
de los ingresos provenientes de Pemex para financiarse y pagar deudas. Por
ejemplo, Pemex obtuvo rendimientos en le periodo 1987-1991 por 113 billones
de viejos pesos, de los cuales el 88 por ciento casi 100 billones, fueron
al fisco. Además, se espera "un recorte en el presupuesto de la
paraestatal, para ubicarse en 19 billones de pesos, contra 23.5 billones que
está ejerciendo en 1992". (El Universal, 1-9-92). Por otra parte,
nadie cree que las cifras oficiales sobre el monto de las reservas sean ciertas,
y algunos especialistas serios las estiman en la mitad de lo que declara el
gobierno. Empero, la extracción del crudo se ha incrementado; desde
la guerra en el gofo arábigo se vende 100 mil barriles diarios más
a Estados Unidos.
Las mismas proyecciones de Pemex indican que México dejará de
ser un exportador neto de petróleo antes del año 2000. Esto
se debe a la caída en la producción de energéticos y
el aumento en su consumo doméstico, que crece espectacularmente entre
10 y 15 por ciento anual. El país importa cada vez un mayor volumen
de derivados del petróleo y gas natural. Por ejemplo, en 1989 se compraron
en Estados Unidos 20 mil barriles diarios de gasolina y en 1991 subió
a 60 mil barriles.
Crece
el endeudamiento interno y externo
La incertidumbre sobre si se firma o no el TLC, en las condiciones negociadas
con la administración Bush, así como la caída de la Bolsa
Mexicana de Valores (BMV), introduce elementos de desestabilización
en los planes económicos del gobierno. El retraso de la firma ha inhibido
la inversión foránea, desestimula el regreso de capitales fugados
y puede provocar una nueva huída. Las inversiones se han dado preferentemente
en el ámbito especulativo y en el sector de servicios, no en la producción,
lo que hace que la masa de capital invertida sea volátil (como lo muestran
las recientes caídas que ha sufrido la bolsa), y que no genere empleos
ni la ampliación del mercado interno. Para evitar la fuga de capitales,
el gobierno ha tenido que poner a la venta valores a una tasa de interés
alta, de un 18 por ciento, lo que vuelve a incremental el endeudamiento interno
y a presionar al alza inflacionaria.
El peso está sobrevaluado y los riesgos de una devaluación son
cada vez mayores. El déficit comercial fue de más de 11 mil
millones de dólares en 1991 y es muy probable que en 1992 haya rebasado
los 15 mil millones. Por la mayor apertura del comercio al exterior el sector
manufacturero presentó un déficit en su balanza comercial del
orden de 19 mil millones de dólares en 1991, lo que se ha traducido
en la quiebra de numerosas empresas medias y pequeñas. La Canacintra
(Cámara Nacional de la Industria de la Transformación) alertó
que la tercera parte del sector manufacturero se encuentra "al borde
de la quiebra" (Epoca, 17-8-92).
La política fiscal del gobierno es advertida por varios analistas como
un factor de desconfianza en el exterior y la burguesía nacional ha
manifestado su oposición a ella, al grado que Salinas ha tenido que
retroceder y darle algunas concesiones. El desempleo y subempleo siguen creciendo
y disminuye el poder adquisitivo de los trabajadores.
Si hacemos un cálculo y sumamos cuánto es lo que el gobierno
habrá erogado en 1992, da una cifra elevadísima. Por deuda externa
son unos 10mmd, por deuda interna entre 7 y 8 mmd, y más de 16 mil
millones de pesos para financiar importaciones y el déficit comercial.
Los funcionarios gubernamentales dicen que México pude financiar su
déficit y pagar intereses emitiendo valores en el extranjero y con
los flujos de inversión. Lo cierto es que ha disminuido este flujo
y que el dinero extranjero que ha permanecido invertido en acciones y valores
mexicanos sólo lo seguirá haciendo en tanto el peso mantenga
su nivel actual en relación con el dólar. Es decir, sólo
mientras se les garanticen a los capitalistas ganancias exorbitantes, de alrededor
de 160 dólares anuales por cada mil dólares invertidos. Algo
muy difícil que la economía y los trabajadores puedan soportar
indefinidamente.
La
influencia de la crisis económica mundial: recesión en nuestro
país
Junto con lo anterior, el contexto económico mundial empaña
aún más la posibilidad de que el gobierno mexicano resuelva
su propia crisis. El capitalismo-imperialismo está viviendo una de
las peores crisis de su historia. La recesión en Estados Unidos en
lugar de disminuir se agrava y ya se deja sentir en el país en la forma
de cierre de maquiladoras y en la disminución de las compras de artículos
mexicanos. La recesión (llamada por los funcionarios desaceleración)
en México es un hecho. La economía habrá crecido en 1992
apenas un 2 o 2.5 por viento.
Japón sufre también de recesión que se traduce en la
quiebra masiva de empresas y en la caída de su bolsa. Según
el ex embajador Barrios Gómez, se tenían expectativas en inversiones
japonesas, sin embargo dice que "no hemos logrado despertar entusiasmo
de los asiáticos", puesto que sólo recibió el país
en 1991 inversiones niponas por 80 millones de dólares, mientras que
en el mismo período fueron a Estados Unidos por un monto de 92 mil
millones de dólares (El Universal, 5-9-92). Para Alemania es cada vez
más difícil resolver los problemas económicos que le
han resultado de la unificación y enfrenta serios problemas para desarrollar
la reconversión industrial que necesita la ex-RDA para ser rentable
en términos capitalistas. E Inglaterra, Francia, Italia y España
tienen serias dificultades económicas y políticas: los problemas
para consolidar la Comunidad Europea están haciendo peligrar los planes
de hacer un bloque de esos países, como lo mostró el triunfo
del No al Tratado de Mastricht en Dinamarca, el balbuceante Si francés
o del No de los suizos a integrarse al proyecto del Área Económica
Europea y los pertenecientes a la Asociación Europea de Libre Comercio.
Y en los países donde no se ha consultado a la población, ésta
exige se le tome en cuenta, como en Gran Bretaña, donde el 75 por ciento
de los ingleses demanda referéndum. Por lo anterior, México
puede esperar económicamente muy poco de los países europeos.
Además, debido esencialmente a los desacuerdos en materia de subsidios
agrícolas, las negociaciones de la Ronda Uruguay del GATT se encuentran
trabajadas. Las amenazas de una guerra comercial entre los bloques económicos
alcanzarán con más fuerza a los países pobres.
Esta nueva forma de desarrollo del capitalismo mundial (la conformación
de bloques) no significa la apertura de una nueva era de expansión
y acumulación económicas. En realidad, representa un carácter
eminentemente defensivo, lo que significa la agudización del proceso
de concentración y centralización de capitales. Es el agrupamiento
de los más poderosos en sus respectivas zonas de influencia para tratar
de sortear la crisis económica mundial en mejores condiciones. En este
contexto es que tenemos que ver el TLC norteamericano: la necesidad de Estados
Unidos de defenderse de los bloques europeo y asiático, sometiendo
a sus intereses a Canadá, y sobre todo a México, con su mano
de obra barata y sus recursos petroleros.
Esta agrupación en bloques excluye a la mayoría de los países
del planeta, latinoamericano, africanos, asiáticos y de la Europa centro-oriental,
reservándoles el puesto de consumidores, víctimas de la usura
internacional, sujetos a salvajes planes de ajuste económico, a una
miseria creciente y a la imposición de regímenes bonapartistas
o semibonapartistas que frente a los dictados del imperialismo recortan drásticamente
los salarios directo y social.
El Tratado Trilateral de Comercio
Antes
afirmamos que el TLC es un proyecto no sólo económico sino global,
que de ponerse en práctica significaría un cambio de conjunto
del país, una transformación retrógrada en el carácter
de la nación.
El imperialismo norteamericano requiere de la anexión económica
de México con el fin de no retroceder más ante sus competidores
asiáticos y europeos. Uno de los hechos más importantes de los
últimos años es la pérdida por la Unión Americana
de la hegemonía económica mundial. Para producir mercancías
a precios competitivos le es imprescindible mano de obra barata, la que tendría
en abundancia en México o la que obtendría deprimiendo los salarios
de sus obreros. Es decir, la primera víctima de este proyecto es el
proletariado estadounidense, en cuyo futuro está la pérdida
de muchos de sus empleos, la caída de sus salarios y de su nivel de
vida.
La siguiente víctima de este plan es nuestro país y los trabajadores
mexicanos. El imperialismo requiere que haya un cambio del país en
todos los órdenes para que este proyecto sea viable. Necesita que en
México exista orden, que los trabajadores y el pueblo se dediquen a
trabajar y no peligren sus inversiones por una eventual desestabilización
política. Y para los gringos quien puede mantener este orden burgués
es el régimen dictatorial del PRI. Por eso apoyan a Salinas y el inmovilismo
político, la conservación y consolidación de las actuales
instituciones y mecanismo políticos arcaicos y antidemocráticos.
Necesitan mano de obra barata, es decir, les son un obstáculo las conquistas
sociales y laborales del sector más organizado y combativo del proletariado
mexicano, el que cuenta contratos ley o contratos colectivos de trabajo, el
que ejerce el derecho de huelga y posee mayor cultura urbana y sindicatos.
Su ideal son los obreros de las maquiladoras, sin derechos ni sindicatos o
con sindicatos blancos; obreros de primera generación, recién
venidos del campo, propensos a extenuantes jornadas laborales y a ritmos intensos
de producción.
Les es preciso también a los explotadores gringos que se contar en
este plano con todas las garantías legales para sus proyectos. Es inminente
la expedición de una nueva ley de inversiones extranjeras, que terminaría
por legalizar y ampliar los cambios y modificaciones que ya se venían
haciendo en este renglón.
Necesitan igualmente que exista aceptación y disposición de
la población con este plan, para lo cual la historia nacional, libertaria
y antiimperialista, es un freno; para ello el gobierno editó nuevos
libros de texto en donde ésta se tergiversa.
Sus capitales encontraban obstáculos en el campo y la industria petrolera
por la nacionalización de gran parte de la tierra y del subsuelo. Ahora
puede privatizarse la parcela ejidal y los bienes comunales y se han acrecentado
las concesiones para la intervención de los capitales en la industria
energética. Y ante la continuación de los conflictos en el Medio
Oriente, la perspectiva de que la ex Unión Soviética -primera
productora de crudo- se convierta en importadora de petróleo y se agote
éste en suelo norteamericano, necesitan tener a México como
una reserva segura de hidrocarburos.
Además de la resistencia y oposición que este proyecto está
enfrentando en México, y que analizaremos más adelante, son
de mucha importancia las reacciones y resistencias que suscrita en Estados
Unidos y en Canadá. En este último país un tratado comercial
firmado hace unos años con su vecino sureño le ha acarreado
grandes pérdidas y problemas económicos, como una larga recesión
y pérdida de empleos. De ser favorable inicialmente la población
canadiense a ese acuerdo ahora es mayoritariamente opositora y es posible
que pierda el gobierno el partido que lo impulsó. En ese camino se
ha encontrado con el triunfo del No de la población en el referéndum
sobre Québec, en octubre de 1992.
En Estados Unidos se extiende y amplía la oposición al TLC.
Creemos que la popularidad de Roos Perot tuvo en buena medida que ver con
su posición en contra del tratado. El proletariado norteamericano sabe
que saldría perdiendo con este plan y ha votado por Clinton y los demócratas,
quienes han manifestado su oposición a la desindustrialización
de Estados Unidos y al tratado que ha conseguido la administración
republicana. Es posible que las diferencias en este renglón entre demócratas
y republicanos sean, como en tantos otros, sólo tácticas y no
de contenido, y que hayan tenido que ver con la disputa electoral. Lo cierto
es que la democracia norteamericana es un obstáculo para los grandes
proyectos estratégicos del imperialismo yanqui, porque el tener que
aceptar el voto del proletariado -hay más de 100 millones de trabajadores
en los EU -le impide maniobrar con entra libertad.
El que haya o no tratado entre México y Estados Unidos y en qué
condiciones depende en buena medida del comportamiento político de
los trabajadores del país vecino. Por ejemplo, la noticia de que una
empresa de Missouri de mil cien trabajadores cerrada y se instalaría
en nuestro país tuvo mucho impacto y fue continuamente aludida por
los medios de comunicación.
Por otra parte, hasta ahora la apertura comercial más que crear empleos
ha provocado quiebras y ha favorecido a Estados Unidos, que exporta a México
cantidades crecientes y tiene un intercambio comercial en nuestro país
sumamente favorable. Las maquiladoras sólo aportan el 3 por ciento
de la planta laboral y según el economista Juan Castaignts ha decrecido
el número de trabajadores manufactureros durante esta administración.
Pero creemos no debemos de descartar que, en el caso que se firmara el TLC,
pudieran llegar a nuevas inversiones, se trasladen plantas industriales y
se generen algunos empleos. Aunque esto nos significaría que se resuelva
el problema del desempleo, pues la velocidad a la que quiebran pequeñas
y medianas empresas es mayor que la instalación de otras nuevas, por
lo que la generación de empleo nos será suficiente para responder
a las necesidades. Además, las fábricas que se instalen con
una mejor tecnología necesitarán menos mano de obra para funcionar
que las que existen actualmente.
Los
logros económicos del gobierno
Están lejos de nuestro propósito el crear la idea de que el
estado de la economía nacional es casi catastrófico. Creemos
es muy grave y que podría estallar, pero también existen contrapesos
y logros económicos del gobierno, algunos de lo cuales hemos enumerado
en el segundo capítulo. Para empezar, si la comparamos con el de la
mayoría de naciones latinoamericanas la economía mexicana está
en una situación mejor, con altos niveles de devisas en la reserva
(18 mmd), producto de la venta de empresas y bancos, lo que ha permitido hasta
ahora al gobierno mantener la paridad cambiaria, es decir, el precio del peso
y, en consecuencia, retener los capitales extranjeros. Otro logro gubernamental
es que las finanzas públicas no sólo no padecen déficits
sino saldos superavitarios. El mantener bajos índices de inflación
y el crecimiento durante tres años de la economía están
también en la cuenta a favor de Salinas, y sobre todo que ha podido
vender los bancos, numerosas empresas, incrementar la extracción de
crudo y deprimir los salarios o mantenerlos muy bajos sin que la situación
política haya escapado de sus manos.
Corroídas, las bases del régimen
Lo
que llamamos régimen del PRI, el sistema político que ha dominado
al país durante largas décadas, ha podido mantenerse por tan
largo país durante largas décadas, ha podido mantenerse por
tan largo tiempo en el poder debido a que los gobernantes contaron hace años
con una base económica que les permitió mejorar las condiciones
de vida de algunos sectores del pueblo. Numerosas franjas del campesinado
recibieron tierras y créditos, capas de la clase trabajadora consiguieron
empleos estables y relativamente bien renumerados, legalizados en contratos
colectivos de trabajo y garantizados por fuertes aparatos sindicales. Florecieron
igualmente sectores de la clase media, con niveles de consumo que, dice Alan
Riding, eran comparables con los de su congéneres de los países
metropolitanos.
La situación anterior permitió una alianza social que tuvo su
expresión política en la conformación del partido oficial
y sus sectores obrero, campesino y popular. La burguesía dominaba a
cambio de un relativo mejoramiento o conservación de condiciones de
vida de esos sectores de la población, es decir, se daba el lujo de
tener una política populista. Y lo hacía de manera antidemocrática,
a través de burocracias o, como se les dice popularmente en turno,
que actuaba concentrando todos los poderes. La burguesía necesitaba
de un poder fuerte y para tenerlo requirió renunciar a su derecho de
intervenir en política, para que el presidente pudiera tomar las decisiones
sin obstáculos ni interferencias. A la clase obrera y a los campesinos
también se les suprimieron los derechos políticos, usurpación
que aceptaron relativamente mientras mejoraban sus condiciones económicas
y sociales.
A este tipo de régimen le llamamos de partido único, porque
aunque existen otros partidos el PRI es el único que ha impuesto a
sus hombres en el poder federal, en la presidencia del país. También
decimos que es un régimen bonapartista, porque el presidente de la
República es la principal institución de este régimen,
actúa como Bonaparte, es decir, como un dictador, como un hombre-institución
que concentra todos los poderes (y no sólo el poder ejecutivo, como
aparece nominalmente). Se pueden encontrar una serie de diferencias con otros
regímenes de partido único, como el cubano o el de la ex URSS
y los países de Europa del Este, pero lo esencial que comparten es
que es el partido de gobierno el que ejerce el dominio político y las
decisiones más importantes recaen en el presidente. Este régimen
puede dar algunos márgenes de democracia e incluso tolerar la existencia
de otros partidos, como en México, pero medularmente son dictaduras
que se sostienen en el poder con base en los métodos antidemocráticos
y el control burocrático y corrupto de dirigentes y organizaciones
de masas.
Desde hace algunos años las bases materiales, económicas, del
régimen vienen corroyéndose. El capitalismo es incapaz, ya no
de mejorar las condiciones de vida de la población, ni siquiera de
conservarlas. Los niveles de vida vienen cayendo desde hace años: los
salarios pierden poder adquisitivo, son menos las prestaciones, la inversión
pública en educación y salud disminuye, así como en obras
y servicios. Los subsidios a los alimentos y al transporte se reducen o han
sido eliminados, se incrementa el desempleo y el subempleo.
Esta decadencia del sistema capitalista, el hecho de que muestre cada vez
con más claridad su rostro explotador e inhumano ha causado la crisis
en el régimen, es decir, la antigua manera y mecanismos de dominara
y controlar a la sociedad ya no funcionan. La gente ya no acepta al presidente;
que los gobernadores de los estados sean nombrados por el presiente; que el
mismo presidente sea nombrado por el anterior mediante el "dedazo";
que los candidatos del PRI sean impuestos mediante fraudes, etcétera.
Mucho menos se acepta esto cuando aumentan el hambre, al insalubridad, la
desatención educativa, la inseguridad y arbitrariedades policíacas.
Un pico de esta crisis ya vimos que ocurrió en 1988, cuando millones
de mexicanos votaron y lucharon por el PRI no siguiera en el poder. Luego
vimos que Salinas pudo encararse y consolidarse en la silla, logrando una
cierta estabilización de las instituciones políticas, aunque
no logró sanar la enfermedad en el sistema. Posteriormente constatamos
que a partir de las derrotas electorales del PRI en San Luis y Guanajuato,
ya no puede continuar el fortalecimiento del gobierno y que ha vuelto a agravarse
la crisis política. Esto último es lo que veremos en este capítulo.
El régimen es incapaz de mantener sus antiguas alianzas sociales populares
Ya
dijimos que, contra su voluntad, el régimen tiende a romper con sus
antiguos aliados sociales. A los obreros no sólo no puede ofrecerles
nada nuevo sino que ha tenido que atacar sus conquistas económicas
y sociales; y a los campesinos, que antes recibieron tierras por su lucha
revolucionaria pero a través de los intermediaros políticos
del PRI, ahora intentará quitárselas gracias a las contrarreformas
constitucionales. Y no sólo los ha venido perdiendo como aliados, al
atacar sus conquistas pasan a ser enemigos del sistema. El PRI pierde base
social entre los obreros, los asalariados en general y los campesinos. Su
nueva base social tiende a ser colonos, los vendedores ambulantes, los marginales
y algunos sectores del campesinado. Aquí es donde obtiene más
votos y donde destina sus recursos el Pronasol. Pero la base social es inestable,
ya el régimen no tiene su basamento popular en las clases fundamentales,
la obrera y campesina.
Actualmente el régimen es incapaz de lograr la calificación
social de sectores de los trabajadores del campo y la ciudad por el camino
de la educación, la capacitación, la salud, la nutrición
y el bienestar. Ahora todo lo que puede hacer son inversiones en infraestructura
"que no afectan la escala social, pues se concretan a pintar casas, pavimentar
calles e inaugurar coladeras". Luego veremos los logros y potencias conflictos
que genera este programa.
El gobierno y el imperialismo tienen la estrategia de mantener el régimen
También
afirmamos que el mejor régimen para aplicar los planes económicos
antinacionales y antipopulares es el actual, la dictadura priísta,
y que así lo consideran tanto el gobierno yanqui, los otros imperialistas,
la burguesía y Salinas y su equipo. No existe un plan de "transición
a la democracia", es decir, permitir la alternancia de los partidos burgueses
en la presidencia. Los cambios políticos que aplica Salinas son sólo
de reforma del sistema, son cosméticos, no para cambiar las instituciones
y las reglas políticas del juego. Este proyecto entró en crisis
en agosto de 1991, porque ni el mundo ni nuestro pueblo están dispuestos
a que se mantenga la antidemocracia. Washington mismo tiene dificultades para
justificar su apoyo a un régimen como éste, por esto en ocasiones,
contra su voluntad, se ve obligado a hacer algunas presiones para que se abran
algunos espacios democráticos o se respeten los derechos humanos. Igualmente
está de acuerdo con este plan el PAN, que siente que sus intereses
estratégicos están representados por el neoliberalismo del grupo
gobernante, y conviene en que su función es la de hacer el juego opositor,
coadyuvar a que con ello se diga que hay democracia en el país.
El PRD también es un partido del régimen, que está de
acuerdo con que éste se mantenga. Pero no ha encontrado que el poder
le dé un espacio privilegiado como el que obtuvo el PAN y recibe una
presión popular muy fuerte que le exige en ocasiones movilizar a sectores
de la población y lo lleva a entrar en conflicto con el gobierno.
Repetimos: este plan de inmovilismo político es compartido por las
principales fuerzas políticas (para no hablar de los partidos paraestatales),
pero no por el pueblo que ha seguido luchando, haciendo huelgas, tomando edificios
públicos, caminando en agotadoras marchas por sus derechos políticos
y sociales concultados.
Instituciones
que se suman a ponerle parches al régimen
Instituciones como el PAN y el PRD han salido en auxilio del régimen
y, en numerosas ocasiones, a apoyar al mismo gobierno. Esto, que pareciera
ser un signo de fortaleza del sistema político más bien muestra
su debilidad. La población vota cada vez menos por el PRI y los sufragios
los reciben el PAN y el PRD… que a su vez están por que el régimen
perdure y le ofrecen al gobierno "concertaciones" y acuerdos que
por naturaleza son conflictivos. El PAN y el PRD son como las muletas que
necesita para caminar un hombre inválido. Puede mantenerse erguido
y caminar con ellas pero no son sus piernas, ya no se mueve con toda la libertad
porque para moverse requiere de elementos extraños.
Otra nueva institución que sostiene ahora el régimen es Pronasol.
El problema es cuando el gobierno no tenga para pagar este programa. En ese
momento se verá su tremenda fragilidad, su carácter artificial,
el hecho de que el control popular que ha generado no está basado en
ninguna convicción política ni ideológica.
Una institución más que ha salido en apoyo directo al régimen
es la Iglesia Católica, dispuesta a usar con mayor aplicación
que antes su influencia social e ideológica -la actual ha venido a
menos en México, como en el resto del mundo- para evitar desbordamientos
de la lucha popular. También es una institución con la que hay
una relación conflictiva, luego del enfrentamiento histórico
entre ésta y la nación mexicana.
Relaciones
difíciles y conflictos con la Casa Blanca
El principal apoyo con que hasta hace poco había contado el régimen
y el gobierno era externo y provenía del ahora derrotado Bush. Salinas
hizo depender en mucho el futuro de su gobierno y la salud del régimen
del presidente estadounidense. Cuando éste fue vigoroso el mexicano
tuvo fortaleza; ahora que Bush ve frustrado un nuevo periodo en al Casa Blanca
el gobierno podría verse muy afectado. Ya dijimos que una parte de
la base electoral de Clinton son proletarios y minorías oprimidas que
no quieren el TLC porque deprimiría más sus condiciones de vida,
lo que le obligó como candidato presidencial demócrata a plantear
que el Tratado Serra-Hills debería ser modificado, es decir, renegociado.
Y aunque Clinton ha expresado su acuerdo con el TLC, pretende se firmen acuerdos
paralelos en materia laboral y ambiental, que implicarían en los hechos
invalidar parte del trabajo de negación que se dio por concluida. Además
falta que el Congreso estadounidense vote favorablemente el Tratado, lo cual
tampoco está asegurado, mucho menos ahora que -como resultado de los
cambios económicos, sociales y políticos que se están
dando en los Estados Unidos- se alteró en las pasadas elecciones la
composición de su poder legislativo, reflejando más a las minorías
y a los demócratas.
Es probable que Salinas pueda entenderse personalmente muy bien con Clinton,
pero el problema es que la salida de Bush y la victoria presidencial de los
demócratas expresan, como decíamos, cambios significativos en
la sociedad norteamericana: casi dos años de recesión, la revuelta
en los Ángeles y otras ciudades y el repudio a la política económica
republicana. Estos cambios sociales y políticos en Estados Unidos son
un obstáculo para que las relaciones Clinton-Salinas puedan desenvolverse
con tersura.
La crisis en las instituciones
El
PRI atraviesa por una grave crisis que se expresa con más fuerza entre
más se desarrolla dentro de ese partido la disputas por las candidaturas,
o cuando sus cuadros y base se sienten traicionados por el propio Salinas,
cuando les es quitado algún puesto ya "ganado" para entregárselo
a la oposición o a un gobernador interino. El enojo ha adquirido incluso
formas violentas como las que presenciamos en viarios municipios del país
los dos últimos años. La crisis del PRI se manifiesta también
en los contrapunteos que se han dado entre Fidel Velásquez y Farrel,
entre éste y Hernández Juárez y la COR, entre la CROC
y a CROM, o en la posibilidad de la que hablan propios y extraños acerca
del posible surgimiento de otro partido con los "modernizadores"
priístas, en un claro enfrentamiento con la vieja guardia charra y
caciquil.
Pronasol ha servido para regenerar relativamente la imagen presidencial, para
allegarle votos al PRI pero no para que el partido oficial vuelva a dominar
orgánicamente a las masas empobrecidas del campo y las urbes.
Un sector importante de la población ha perdido la confianza en los
procesos electorales, como lo demuestra la experiencia de las movilizaciones
poselectorales de los últimos años. Esto de ninguna manera significa
que las masas adviertan ya que la única salida es la revolución
socialista. No, lo que constata es la profunda desconfianza n el sistema electoral,
la crisis en el régimen de partido único.
La política que llamamos reacción democrática, consistente
en desviar el descontento popular a los procesos electorales, no ha tenido
en este sentido el efecto que en otro países latinoamericanos o de
la Europa Oriental. Allá, producto de la caída de los regímenes
dictatoriales y de partido único, las elecciones aparecen como una
alternativa para desviar la lucha de las masas hacia la vía muerta
del parlamentarismo. En nuestro país, derivado de la crisis del régimen,
las elecciones no juegan ese papel, al contrario, constituyen un factor de
descrédito, desestabilización de movilización contra
el fraude y esencialmente contra el régimen de partido único.
En México los procesos electorales han servido al régimen del
PRI para corromper a los partidos de oposición.
Hay otros elementos que se suman a la profundización de la crisis del
régimen e incluso del propio gobierno, por ejemplo, actualmente existen
veinte entidades en franca inestabilidad política.
En lo que va del sexenio, Salinas ha tenido que instalar 13 gobernadores interinos,
varios de ellos debido a que gobernadores "electos" cayeron debido
a la movilización popular. Estos internos viven en la ilegitimidad
política, los puso Salinas, no son producto del voto, de las elecciones,
así sean fraudulentas. Esto no expresa sino la debilidad de la propia
institución presidencial, puesto que para imponer interinos, Salinas
ha tenido que echar abajo gobernadores que fueron impuestos también
por él.
Si ya era el régimen bonapartista, se ha acentuado todavía más
la concentración de poder en la presidencia lo que, más allá
de recomponer al régimen, lo debilita en su conjunto. Si bien la presidencia
es una de las instituciones claves del régimen, no es la única
que tradicionalmente garantizaba su funcionamiento cabal. Este "fortalecimiento"
del presidencialismo lleva en los hechos a una parálisis política
de instituciones tradicionales (PRI, burocracias, oficinas federales, gobiernos
estatales y locales). Ahora todo lo arregla el presidente, ya no tiene escudos
protectores, mediaciones que le atajen los conflictos.
Por otra parte, el mismo Pronasol ha pasado a ser un elemento más de
esta crisis, pues desarticula el funcionamiento normal de las instituciones,
producto de su imposición como una superestructura política
y presupuestal por sobre el resto de las instituciones, y le impide al PRI
dominar como antaño, puesto que sus funciones tradicionales son sustituidas
por la actual SEDESOL (Secretaría de Desarrollo Social). En lugar de
pronasolizar al PRI, Solidaridad surge casi como un partido paralelo. Los
miles de comités de Solidaridad son un verdadero problema organizativo
para los seccionales priístas. Y, como hemos dicho, basa que se acabe
el dinero que mantiene este programa para que se caiga automáticamente
toda esa superestructura.
Que a mitad del sexenio haya surgido la lucha por la sucesión presidencial
es otro factor que muestra la crisis del régimen. Normalmente, dice
un columnista, Salinas debería estar viviendo el verano de su mandato
y tal parece que se le adelantaron las estaciones y está en pleno otoño.
Salinas toma todas las decisiones, marginando a funcionarios, gobernadores
y otras autoridades menores. Este papel protagónico está provocando
que sea el principal interlocutor del descontento. Casi toda movilización
salta procedimientos que en otras circunstancias serían normales, desconocen
instancias y van directamente a pedir solución de sus demandas a Salinas.
Es decir, la búsqueda de regenerar su imagen tuvo éxitos que
se están desgastado rápidamente, pues las masas pueden llegar
a verle muy pronto como su principal adversario, el enemigo directo a vencer.
Crisis
del corporativismo
Cada vez es más evidente que el control corporativo tradicional de
masas está en crisis. En 1988, a nivel electoral estalló pues
las masas encuadradas en las organizaciones del PRI votaron por otros partidos
y ahora, Salinas apela menos a él, prefiere recurrir al Pronasol o
arreglar él mismo infinidad de asuntos. Este es uno de los signos inequívocos
de la crisis del régimen: ya no domina como antes. No queremos decir
que los viejos aparatos burocráticos están liquidados, pero
sí en una fuerte crisis, con pugnas internas y de antiguos líderes
con el gobierno.
La CNOP (hoy UNE), que llegó a ser la principal base social del PRI
después de la debacle de la CNC, hoy es poco menos que ignorada. Pero
por más intentos que ha realizado el gobierno para organizar a las
masas a través de Pronasol no ha podido encontrar un mecanismo efectivo,
"moderno", para disciplinar a los "sectores".
En el Congreso del Trabajo se observan pugnas internas muy fuertes por el
poder, fundamentalmente con la FESEBES, y la CTM tiene cada vez más
roces con el gobierno. Esto se debe fundamentalmente a que el viejo charrismo
ya no se ajusta cabalmente a las necesidades de la patronal y a los planes
modernizadores gubernamentales. Además de que la insurgencia obrera
de los últimos años ha dado algunos golpes de importancia a
la burocracia sindical. Y ahora, la modernización salinista los lleva
a un mayor enfrentamiento con las bases de los sindicatos.
Contrarreformas
a medias
Otro signo de las dificultades del gobierno es que las contrarreformas que
ha hecho aprobar no satisfacen plenamente las demandas de la burguesía,
el imperialismo y la iglesia y tampoco está garantizada su aplicación
real. No hay que perder de vista que la mayoría de las contrarreformas
constitucionales no pudo hacerlas sino hasta la mitad de su mandato, porque
la legislatura con la que asumió el presidente -electa en los turbulentos
comicios de 1988 - tenía un 49 por ciento de diputados que no eran
del partido oficial.
Las modificaciones al artículo 27 no llegaron a suprimir la figura
del ejido, y la promesa de Salinas de concluir con el rezago agrario, fuera
de pacificar a los campesinos han desatado una oleada de tomas de tierra.
Las reformas al artículo 130 no dejaron completamente satisfecho al
clero, toda vez que no le restituyen totalmente su participación en
política, estarán bajo control y fiscalización de la
Secretaría de Gobernación y tampoco podrán acumular bienes.
El proyecto de elevación de cuotas en la UNAM -parte de un plan reaccionario
más amplio- fue derrotado por el movimiento estudiantil.
Tampoco la llamada modernización económica ha podido ser llevada
a fondo por el gobierno. Según Reding y Whalen, "la mayoría
de las 'reformas' económicas son sólo medidas superficiales
cuyo objetivo es traer nuevos préstamos e inversión del exterior,
mientras en buena medida evitan las reformas estructurales económicas
necesaria". Agregan que "aun con la privatización de la banca
comercial y de Telmex, más de dos terceras partes de los deberes comerciales
siguen en manos del Estado, incluyendo varias de las paraestatales más
grandes" como PEMEX, la CFE, FETIMEX y CONASUPO. Y en cuanto a la venta
de los bancos, la revistas estadounidense The News dice que la estructura
y términos de su privatización sugiere que se trata de un ejemplo
decepcionante de casi privatización: "La ley contiene severas
restricciones acerca de la naturaleza de la propiedad y distribución
de acciones, que en muchos casos ponen en entredicho el objetivo teórico
de la privatización. Los reglamentos permiten al gobierno retener la
"rectoría" y el control de las acciones y la toma de decisiones
en materia administrativa… De hecho los bancos están siendo concesionados
y no vendidos al público."
También tiene mucha importancia al revés sufrido por Salinas-Zedillo
en su propósito de escribir una historia a la medida de sus planes
en los libros de texto gratuitos.
Luchas
de resistencia
Si bien el movimiento magisterial de 1989 no abrió paso a formas superiores
de organización y lucha del movimiento de masas y ello contribuyó
a que Salinas acelerada sus planes contrarrevolución económica
y política, hay un elemento muy importante que no se debe soslayar;
esa movilización, junto con la lucha electoral le abrieron la puerta
a un movimiento obrero en ascenso, que independientemente de su debilidad,
no ha dejado de expresarse desde entonces, y hacía por lo menos una
década que no daba señales de reanimamiento. Además,
el ascenso involucra a diversos sectores sociales y aun cuando han sido más
las derrotas que los triunfos, en ninguno de ellos se ha impuesto un planteamiento
que liquide por años el ánimo de lucha.
Las movilizaciones se multiplican, pero lo que prima es la desorganización,
la dispersión y la ausencia de dirigentes consecuentes y revolucionarios.
Esto hace que la resistencia que se presenta sea débil para impedir
que Salinas haga votar sus contrarreformas, pero, contradictoriamente, e lo
suficientemente fuerte para lograr que el gobierno no vaya hasta el fondo
en ellas.
Después de los golpes que sufrió el movimiento sindical en 1983
el proceso de recuperación de la confianza de la clase en sus propias
fuerzas ha sido lento y accidentado. La lucha de los trabajadores está
marcada por flujos y reflujos, en los que no ha despuntado en serio intento
de agrupación para enfrentar la contrarrevolución económica.
El descontento entre la población y los trabajadores es evidente, pero
carece de organicidad y dirección, sobre todo en el terreno sindical.
El posible entallamiento del plan económico, el descontento obrero,
magisterial y estudiantil, las elecciones y el adelantamiento dentro del gobierno
de la lucha por la sucesión presidencial pueden ser detonantes de una
mayor movilización social.
Las movilizaciones y protestas se dan en todo el país. Son representativas
de diversos sectores, obreros, empleados, colonos, maestros, estudiantes,
campesinos, es decir, se registra un descontento generalizado. Las formas
de movilización van desde la denuncia hasta la huelga, la toma de tierras,
el secuestro de autoridades, policías o charros, el enfrentamiento
directo, marchas y plantones. Las demandas son en general defensivas: por
una justa liquidación, contra los despidos, defensa de los contratos
colectivos de trabajo, recuperación de tierras, libertad de presos
políticos, no al alza de cuotas, defensa de la universidad pública,
contra la represión, otras son por el salario, vivienda, dotación
de tierra, democracia sindical, etcétera; pero algo que no debemos
perder de vista es que de conjunto, todas van contra el plan económico
del gobierno y el régimen.
Organizativamente, el movimiento es más bien espontáneo, ha
habido intento de coordinación en universitarios, estudiantes y campesino,
pro nada que se compare con lo que fue hace diez años el Frente Nacional
de Defensa al Salario (FNDSCAC). Algo muy importante es que el movimiento
se expresa con mayor fuerza en provincia, las luchas en la capital del país
están más rezagadas.
Es una lucha de resistencia a los planes del gobierno, la patronal y el imperialismo,
pero es una resistencia poco organizada, dispersa y sin dirección o
con direcciones capituladotas, por lo mismo débil y relativamente fácil
de golpear. Esto es lo que domina. Pero existen cuatro elementos que nos permiten
caracterizar una dinámica ascendente de luchas, a saber: a) su carácter
nacional y multisectorial, b) la crisis del régimen, c) la perspectiva
económica, y d) las luchas obreras y populares en el mundo contra los
planes neoliberales.
La lucha de clases ha tenido en los últimos años algunas oleadas
que vale la pena recordar rápidamente: 1989 magisterio, músicos
IMSS, Modelo, Ford, Sicartsa, Cananaza, etec; en diciembre de 1990 se registró
un franco resurgimiento del movimiento obrero; a principios de 1991 continuó
esa dinámica sin que se viera empañada por las elecciones de
agosto, al contrario, se combinó con el ascenso poselectoral en el
que el PRI perdió varias plazas, y a fines de ese año hubo movilizaciones
campesinas, obreras y de universitarios. En 1992, la lucha más importante
fue tal vez la librada por los estudiantes de la UNAM, que consiguieron un
triunfo. Pero tenemos la impresión de que durante 1992, la lucha más
importante fue tal vez la librada por los estudiantes de la UNAM, que consiguieron
un triunfo. Pero tenemos la impresión de que durante 1992 el movimiento
obrero industrial decayó un tanto y sufrió una grave derrota
en Volkswagen -con cientos de despidos y la destrucción de su contrato
colectivo- y en la industria textil, con la virtual pérdida de su contrato
ley, lo que podría permitir la imposición del nuevo tope salarial
y nuevas agresiones a la clase trabajadora.
El IV Congreso del POS (Z) reconoció que a pesar de los avances del
partido en su intervención entre obreros industriales, el conocimiento
que tenemos de este sector clave para la lucha de clases y la construcción
de nuestra organización revolucionaria es deficiente, por lo que mandató
al Comité Central a presentar un estudio y una política específica
para el mismo.
Ausencia de una dirección revolucionaria y gestación de una nueva vanguardia
La
situación del movimiento obrero y de masas obedece, como no podía
ser de otra forma, a la falta de una dirección revolucionaria. El PRD
con todo y los problemas internos por los que atraviesa, sigue siendo uno
de los obstáculos más importantes para que los trabajadores
avancen en su organización independiente, en la construcción
de su partido de clase y en su conciencia socialista, aunque el cuestionamiento
de que es objeto por algunos sectores obrero y populares nos abre a los revolucionarios
un espacio importantes para la intervención en los sindicatos y en
las universidades.
Las organizaciones que aparecen más radicales en sus posiciones, como
los "ultras" del magisterio y el MPI, ni bien tienen la posibilidad
de hacerlo, muestran lo fácil que les es pasar del ultraizquierdismo
al oportunismo, como puede apreciarse en el magisterio. Junto con ello, aplican
métodos burocráticos con los sindicatos, la democracia obrera
no es parte de su programa ni conducta.
El gobierno está alentando el desarrollo del Partido del Trabajo (PT)
y es casi un hecho que le otorgará el registro para intervenir en las
próximas elecciones. Este es un partido groseramente oportunista que
a cambio de ser amamantado por la actual administración le servirá
para que pueda decir que la "izquierda" participa en sus fraudulentas
elecciones, así como para tener un aliado más en sus negociaciones
con el PRD.
El Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) sufre una honda división
interna, la pérdida de una gran parte de sus militantes y una crisis
que lo mantiene en coma desde hace largos meses. Este partido está
pagando su apoyo entusiasta a los comandantes sandinistas y salvadoreños,
a quienes invistió de grandes revolucionarios, cuando la realidad demostró
que son traidores a la causa socialista. Otras razones que explican la debacle
de esta organización son su concepto oportunista de las revoluciones
democráticas en los países obreros, a los que valora como procesos
regresivos, y su adaptación a los procesos electorales, así
como su dependencia de los recursos económicos que obtiene el régimen.
Hay dirigentes y cuadros medios sindicales que manifiestan explícitamente
su negativa a impulsar la formación de un organismo frentista, como
una necesidad del movimiento sindical y de masas. Parece que la experiencia
de los últimos años de membretes y organismos "amplios"
integrados solamente por cúpulas ha dejado un mal sabor de boca en
muchos activitas. Y hoy difícilmente ven la necesidad de agruparse,
como no sea para defenderse de algún golpe, por cierto ya dado.
El momento que atraviesa el movimiento obrero es difícil por la derrota
en Volkswagen y en textiles, y porque el gobierno y los empresarios anuncian
su propósito de contrarreformar la ley laboral, de mutilar o destruir
contratos colectivos y sindicatos. No obstante, no hay derrotas que postren
por años la lucha, incluso hay repercusiones rápidas, como la
de Ford, en donde hace poco más de un año hubo un duro golpe
con despido de 2 mil trabajadores y un compañero asesinado. Recientemente,
los 2 mil nuevos que entraron armaron una revolución, destruyeron al
secretario general y desconocieron el convenio que éste había
firmado con la patronal. Esto puede ser el anuncio de una nueva revuelta obrera
contra el charrismo y la patronal.
El movimiento campesino independiente, después de 7 años de
dispersión, de rupturas y realineamientos, hace nuevos esfuerzos por
reagruparse y su lucha se extiende y masifica. El movimiento estudiantil también
ha hecho intentos de construir un embrión de coordinadora nacional.
El movimiento que se dio contra el alza de cuotas en la UNAM y el triunfo
relativo obtenido por los estudiantes sonorenses dejan a este sector en buenas
condiciones para desarrollarse.
El contesto mundial favorece el avance de la
conciencia
Si
en el periodo 1989-1991 el contexto mundial influyó para que se mantuvieran
las movilizaciones y las protestas, aunque ideológicamente sectores
de la vanguardia se hayan visto confundidos con l as revoluciones antiestalinistas,
la actual situación internacional es mucho más favorable. El
discurso de que el capitalismo es la panacea para la solución de los
problemas de la humanidad está cuestionado. Ello tiene que ver con
hechos objetivos: la rebelión negra y chicana en Estados Unidos; la
huelga victoriosa de los trabajadores alemanes; en Panamá Bush fue
repudiado por amplias manifestaciones; en Venezuela hay una fuerte crisis
política y no cesan las movilizaciones exigiendo la caída de
Carlos Andrés Pérez; y en Brasil la movilización de las
masas echó a Collor de Mello del gobierno. Los planes económicos
neoliberales vienen siendo cuestionados en cada vez más países.
Margaret Tatcher cayó como producto de las protestas de la población
contra sus contrarreformas e impuestos, y su sucesor, Major, ha tenido que
cambiar su plan de cerrar minas luego de protestas de hasta cien mil obreros
en Inglaterra. En Italia las contrarreformas económicas han encontrado
la oposición de la clase obrera y en toda Europa hay una oposición
creciente al Tratado de Maastritch.
En Rusia recientemente cayó el ministro de economía de Yeltsin,
y el nuevo ha debido prometer otro plan económico, menos neoliberal.
En América del Sur, los uruguayos rechazaron mediante un referéndum
continúen las privatizaciones de empresas. En Brasil, el nuevo presidente
ha debido suspender las privatizaciones. Y en el mismo Estados Unidos la base
electoral de Clinton quiere otra política económica, distinta
a la de Reagan y Bush, y al parecer han tenido que suspender el programa de
privatización de la educación pública.
Hacia una situación revolucionaria más profunda que la de 1988
Repasemos rápidamente lo diferentes periodos por los que han atravesado la situación política y económica nacional desde 1988 a fin de tener más clara la dinámica y tendencia de la situación actual.
1988 a mayo de 1989: Situación revolucionaria. Profunda crisis económica; crisis del régimen; división de la burguesía; ruptura del partido de gobierno; voluntad revolucionaria del pueblo; revolución democrática abortada.
Mayo de 1989 a agosto de 1991: Situación prerrevolucionaria. Salinas hace retroceder la situación; lograr amortiguar las crisis del régimen y fortalece al gobierno, principalmente a la presidencia; aplica un plan contrarrevolucionario global; logra éxitos económicos, controla las principales variables económicas; destina una buena cantidad de recursos a obra de beneficio social; solda alianzas con el imperialismo, la gran burguesía nacional y con un amplio segmento de la clase media; el movimiento de masas continúa pero el son impuestas varias derrotas; persiste la ausencia de una dirección revolucionaria.
Agosto de 1991 en adelante: Transición hacia una situación revolucionaria. Derrotas del régimen en Guanajuato, San Luis Potosí, Tabasco, Chihuahua y Michoacán; se acelera la crisis del PRI y del régimen en su conjunto; la revolución en la URSS golpea al régimen mexicano; incremento de las movilizaciones obreras y populares, hay inestabilidad política en la mayor parte de entidades del país; derrota del gobierno en la UNAM; empieza a tambalearse el plan económico; la crisis económica y política de Estados Unidos traba las negociaciones para la firma del TLC y continúa haciendo estragos en la economía nacional; Salinas acelera su plan de contrarreformas buscando mantener la confianza del imperialismo; Estados Unidos golpea a Salinas con la decisión de legitimar los secuestros en nuestro territorio; la lucha de clases a nivel mundial tiene un impacto todavía más favorable en la conciencia de los trabajadores su vanguardia.
Hacia una situación revolucionaria
Con base en lo anterior, consideramos que la dinámica que seguirá la situación estará marcada por las siguientes tendencias:
A) La crisis del régimen tiende a profundizarse y es probable que presenciemos su caída como producto de la acción revolucionaria de las masas, sin descartar que su transformación se pueda dar a través de la concertación con el PAN y el PRD, aunque el proyecto de Salinas es mantenerlo dando sólo algunas concesiones a la oposición. Esta eventualidad la vemos ahora como menos probable que la otra. Cualquiera de estas dos últimas variantes dependerá en última instancia de la dinámica de la lucha de clases.
B)
Está en perspectiva el fracaso del plan económico de Salinas,
lo que generaría un mayor descontento de los trabajadores, en virtud
de que hemos caracterizado que la lentitud con la que sale el movimiento a
pelear, así como el carácter extremadamente defensivo de algunas
demandas (liquidación, por ejemplo), obedece a las expectativas que
tienen algunos sectores en el futuro económico y a la falta de dirigentes
en quienes puedan confiar los trabajadores. La crisis económica mundial
y particularmente la de los Estados Unidos influirá mucho en este terreno
así como las dificultades para las que atraviesa la concreción
del TLC.
C) La combinación de la crisis del régimen con la de la economía
traerá como consecuencia una mayor movilización de las masas.
El triunfo obtenido en la UNAM y las luchas que se desaten contra los fraudes
electorales pueden alentar la movilización de otros sectores como el
magisterio y obrero e incentivar el ascenso existente en el movimiento campesino.
Esta influencia de conflictos le impondrá al movimiento de masas la
necesidad de coordinar sus luchas en un organismo de carácter frentista
que pueda coadyuvar a empezar a superar la crisis de dirección revolucionaria,
generando mejores condiciones para el desarrollo de nuestro partido.
D) La posibilidad de que se combinen estos elementos traería consigo un cambio en la situación de la lucha de clases, entraríamos a una situación revolucionaria que abriría la posibilidad de realizar una situación democrática, es decir, derribar al régimen de partido único. Sin embargo, sería una situación revolucionaria más profunda que la de 1988, por las siguientes razones: 1) la crisis económica será mucho más aguda, pues se combinará con la crisis económica mundial, particularmente la del imperialismo yanqui; 2) De conjunto, el régimen se encuentra hoy más débil para enfrentar una situación de ese signo a como estaba en 1988. La próxima sucesión presidencial podría ser para el Presidente y el PRI más compleja y traumática que la anterior. No está descartado que haya nuevas rupturas en el partido oficial y que las elecciones escapen al control del gobierno, pues podría haber a nivel nacional situaciones de lucha contra el fraude como las que vimos en distintos estados. El aparato corporativo de control de masas (CTM, CNC, UNE) está en franca decadencia y Pronasol no garantiza frenar el descontento como otrora lo hicieran las viejas organizaciones charras y caciquiles; 3) el movimiento obrero y popular está más extendido y diversificado en sus demandas que en 1988, además, en ese año, las luchas obreras no tenían la presencia que hoy tienen, lo cual es un elemento cualitativo fundamental en las próximas batallas.
Es necesario tener en cuenta que plantear la posibilidad de que en esa situación se perfile una revolución democrática, no significa necesariamente que ésta vaya a ser triunfante, ello depende de la dinámica de la lucha de clases y fundamentalmente de su vanguardia; mientras nuestro partido siga siendo marginal y no tenga un peso objetivo en la realidad nacional, los dirigentes de la oposición tendrá las manos más libres para abortar las luchas.
Empero, los marxistas revolucionarios tenemos derecho a ser optimistas en esta situación del país. Soplan vientos de revolución y de democracia en todo el mundo y también en nuestro país. Los de arriba tienen cada vez más problemas para manejar la economía, los numerosos conflictos y para detener o derrotar las luchas que se suceden en todo el mundo. Los de abajo, por su parte, a pesar de la propaganda que dice que el socialismo ha muerto, no dejan de luchar. Buscarán tarde o temprano dirigentes que los representen genuinamente y les ofrezcan una salida de fondo a sus sufrimientos y necesidades. Mientras tanto, los socialistas contemporáneos, los trotskistas revolucionarios fortalecemos nuestra inserción entre los sindicatos y las organizaciones de las masas, mejoramos nuestra prensa y propaganda, afinamos nuestras caracterizaciones pero sistemáticamente para que la clase trabajadora dirija nuestra nación.
Introducción
Cada
vez con mayor fuerza se presenta el enfrentamiento entre los trabajadores,
la patronal y su gobierno; por toda la nación se extiende la lucha
por las libertades democráticas, así como por la defensa de
las conquistas laborales y sociales. En el país existe una situación
prerrevolucionaria que tiende a estallar como una revolución democrática
en la que se pede presentar la posibilidad de tirar al régimen de partido
único. Por ello, nuestro programa tiene como eje de todas sus consignas
la caída de este régimen y por tanto del gobierno hambreador,
antidemocrático y proimperialista. El principal blanco de nuestros
ataques es Salinas y la institución presidencial; denunciamos su carácter
autoritario y dictatorial y nos manifestamos en contra de las prerrogativas
que el permiten concentrar un poder absoluto que decide todo.
Por estas razones, la tarea más importante de nuestro partido es empeñar
todas sus fuerzas y recursos militantes para lograr la profundización
de la crisis del régimen del PRI, hasta su caída definitiva.
Decimos a los trabajadores que no existe posibilidad de solucionar favorablemente
ninguna de sus demandas si no cae este régimen. Les advertimos que
tal combate no sólo atraviesa por la lucha electoral y por la defensa
del voto, sino también por la lucha contra el TLC, el charrismo; por
el salario, el empleo, la educación, la salud y la vivienda, entre
otras demandas importantes. Les decimos también que esta revolución
democrática que pueda tirar al régimen del PRI es parte de la
revolución socialista, es decir, es solamente una tarea en el camino
hacia la instauración de un gobierno obrero y campesino que expropie
a la burguesía, que acabe con la explotación y la opresión,
y facilite la lucha por el socialismo en México y el mundo. Esto es,
la revolución democrática contra el régimen de partido
único se inscribe en el marco de la revolución socialista mundial
y nacional.
II. ¡Repudiamos el Tratado de Libre Comercio!
Este
es uno de los principales ejes de nuestro programa para el próximo
periodo, porque constituye la estrategia más importante del plan económico
de Salinas. Mediante el TLC el gobierno pretende establecer mejores condiciones
para que los grandes empresarios -imperialistas y nacionales puedan someter
a los trabajadores a un régimen de explotación más brutal
y hacer de México una semicolonia.
Los perniciosos efectos de este tratado lesionan gravemente a los trabajadores,
desde el salario y el empleo hasta los derechos laborales, la educación
y la cultura. Por ello, en todas las luchas es necesario expresar nuestra
denuncia y repudio al TLC, así como sus efectos negativos contra los
trabajadores y el pueblo.
Con esta acción se combina nuestro ataque al gobierno de Salinas, al
imperialismo, al régimen antidemocrático del PRI y al sistema
de explotación capitalista; al mismo tiempo, denunciamos la forma antidemocrática
y autoritaria con la que el TLC se pretende imponer; denunciamos las nuevas
condiciones de explotación y planteamos una alternativa socialista.
Es por ello que en este punto levantamos una serie de consignas en relación
con el Tratado de Libre Comercio:
¡Por
la tercera independencia nacional!
Nos pronunciamos categóricamente en contra del TLC, toda vez que significa
mayores penalidades para la clase trabajadora. Estamos en contra de la anexión
económica de la nación al imperialismo. Convocamos a todos los
trabajadores a que con sus luchas impidan la aplicación de ese acuerdo
contrarrevolucionario. ¡No permitamos que se comercie en forma tan vil
con nuestra mano de obra!¡Impidamos que se consume la venta de la nación
por el traidor Salinas! Nuestro país libró una gran revolución
por su independencia del imperio español, enfrentó una segunda
lucha de independencia para echar de nuestras tierras al imperio de Maximiliano,
ahora debemos de unir nuestros esfuerzos por independizarnos del imperialismo
norteamericano. ¡Viva la III Independencia Nacional de México!
Unidad internacional contra el TLC
Por las consecuencias negativas que conlleva sobre el empleo, el salario y las condiciones laborales, tanto en Canadá como en Estados Unidos y México hay sectores de trabajadores que se han manifestado contra el Tratado. Sin embargo, existen agrupaciones obreras que han creado la falsa idea de que el TLC beneficia a los trabajadores de un país y perjudica a los del suyo. Sostenemos que el TLC no significa beneficio alguno para los trabajadores de los países, que los más grandes beneficiaros son los sectores más poderosos de la burguesía de estas naciones, principalmente la estadounidense. En las tres economías, la aplicación del TLC significará, entre otras cosas, quiebra de empresas, desempleo, deterioro salarial y ataque a los contratos colectivos de trabajo. Por tanto, es imprescindible que los trabajadores de Estados Unidos, Canadá y México impulsemos la unidad de las luchas para hacer que fracasen los planes de los gobiernos y burguesías de a región. Pugnamos por la constitución de un Frente Norteamericano de Trabajadores en Lucha Contra el TLC. Por encima de las fronteras, los dueños del poder y del dinero se asocian para explotar con mayor crudeza a la clase trabajadora. ¡Por encima de ellas, los trabajadores debemos hermanar nuestras luchas para combatir los planes hambreadotes y antilaborales del capital!
¡Referéndum sobre el TLC!
Las
negociaciones del TLC, se efectuaron no sólo en perjuicio de los trabajadores
y el pueblo, sino también a sus espaldas. Un puñado de funcionarios
y capitalistas deciden sobre el futuro económico de nuestro país,
mientras que los principales afectados, los trabajadores, solamente son objeto
de las repercusiones del Tratado sin que puedan decidir nada en absoluto.
En el bloque europeo, la lucha y organización del pueblo trabajador
obligó a los gobiernos de Dinamarca y Francia a organizar un referéndum
donde la población expresara su aprobación o rechazo al Tratado
de Maastricht. Los daneses lo repudiaron y ahora la Comunidad Europea se encuentra
en graves problemas para poder consumar su estrategia; en Francia los que
votaron por el No fueron cerca de la mitad de los que acudieron a las urnas,
y ahora el presidente Mitterand sabe que no le será fácil aplicar
sus planes, pues los trabajadores, como lo han demostrado, están dispuestos
a pelear por defender su salario, su empleo y sus conquistas laborales. Asimismo,
en los demás países de la Comunidad existe presión de
las organizaciones obreras y populares para que se organicen referéndums,
con objeto de que sea el pueblo quien decida si se acepta o no dicho Tratado.
Llamamos a las organizaciones obreras, campesinas y populares, así
como a los partidos políticos que se reclaman defensores de los trabajadores,
a impulsar una intensa campaña en la que le exijamos al gobierno al
realización de un referéndum para que la población exprese
libremente su repudio o aprobación al TLC. Exhortamos a los pueblos
de Estados Unidos y Canadá a proceder de una manera similar, y a los
trabajadores de América Latina a repudiar el TLC y el proyecto imperialista
de la Iniciativa de las Américas
Exigimos que previo al referéndum se realicen foros públicos
donde los ciudadanos y organizaciones políticas, sindicales y populares
que así lo deseen puedan expresar y argumentar sus posiciones. Reclamamos
que estos foros sean abiertos y transmitidos por los medios de comunicación
masiva, y que en ellos, para difundir su punto de vista, el gobierno cuente
con el mismo tiempo y espacio que otra posiciones. Para que esto se garantice,
esa campaña debe ser organizada y controlada por las agrupaciones obreras
y populares, a fin de evitar el fraude del gobierno y el PRI.
Nosotros llamaremos a votar ¡No al TLC!, y uniremos a esta demanda el
rechazo al gobierno de Salinas y sus planes de contrarrevolución económica
y política, a la vez que agitaremos las principales consignas de nuestro
programa y denunciaremos la política concertadora y traidora de los
demás partidos burgueses, pequeñoburgueses y estalinista.
Nuestra alternativo frente al TLC no está en los narcos del sistema
capitalista. Estamos a favor de la unificación de las economías,
a favro de la desaparición de las fronteras, pero no bajo el régimen
de explotación y opresión capitalista. Por ello, nuestra propuesta
es una salida estratégica, de clase: estamos por la Federación
de Repúblicas Socialistas Latinoamericanas, como primer paso hacia
la Federación de Repúblicas Socialistas de América.
Pero en el camino hacia ese objetivo estratégico está la lucha
por las demandas más inmediatas de las masas, las cuales desarrollamos
en este programa.
¡Por el desconocimiento de la deuda!
Los
relativos avances económicos obtenidos por Salinas durante sus primeros
dos años y medio de gobierno, el apoyo del imperialismo y la llamada
renegociación de la deuda, lograron que entre las principales consignas
del movimiento de masas dejara de estar presente la del no pago o moratoria
de la deuda. Sin embargo, el endeudamiento gubernamental nuevamente tiende
a entrar en crisis y con seguridad, en corto plazo, será una demanda
central en las movilizaciones, sobre todo si la economía se le escapa
al gobierno de las manos y la recesión mundial se agudiza.
Mientras se continúe con el pago de la deuda interna y externa, no
habrá manera de tener salarios suficientes, ni viviendas dignas, ni
se podrá abatir el desempleo, la insalubridad, el analfabetismo, la
desnutrición y otros grandes males que aquejan al pueblo trabajador.
En los hechos se ha probado que ninguna renegociación sirve para amainar
ese fardo que pesa sobre la economía nacional, principalmente sobre
los trabajadores.
La lucha por obligar al gobierno a desconocer la deuda es necesaria, esencial
para la defensa del nivel de vida de las masas y de la propia nación.
Una de las principales exigencias de todos los sindicatos, organizaciones
sociales y políticas debe ser que el gobierno deje de pagar la deuda,
para que con ese dinero se puedan generar más empleos, proporcionar
mejores servicios, diseñar un plan de obras y satisfacer las necesidades
más apremiantes del pueblo trabajador mexicano.
El problema de la deuda no es exclusivo de México: es uno de los principales
dramas económicos de los países del llamado Tercer Mundo. Ante
ello, proponemos la formación de un Club de Países Deudores
que desconozca la deuda que tienen con los organismos financieros internacionales,
los gobiernos y la banca privada.
¡Luchemos contra las modificaciones a la LFT y el artículo 123 de la Constitución!
La
"modernización" o "reconversión industrial"
que impulsa el gobierno, la burguesía y el imperialismo, tienen el
objetivo central de incrementar los rendimientos de producción y explotación
de los salarios y atenta contra las conquistas laborales. Por ello atacan
y recortan cláusulas de nuestros contratos colectivos, anulando derechos
irrenunciables, como en los casos de Volkswagen, los obreros textiles y petroleros.
¡Defendamos nuestras conquistas, contratos colectivos y contratos ley!
Opongamos nuestra lucha ante los intentos de contrarreformar, a favor de la
patronal, la Ley Federal del Trabajo y el artículo 123 constitucional,
con lo que pretende destruir nuestros sindicatos, eliminar el derecho de huelga
y establecer nuevas condiciones para explotar con mayor brutalidad nuestra
fuerza de trabajo.
¡Por un incremento salarial que asegure una vida digna a los trabajadores!
Los trabajadores e enfrentan a una severa pérdida de su poder adquisitivo. El salario ya no alcanza para mantener un nivel de vida decoroso, al grado que muy pocos trabajadores subsisten ya de una sola fuente de ingresos. Exigimos un aumento salarial de emergencia, suficiente para poder acceder a una vida digna, que cubra las necesidades económicas, culturales y de esparcimiento de las familias obreras. Proclamamos también la exigencia de que se instaure la escala móvil de salarios, esto es, que a cada aumento de precios les suceda automáticamente un aumento de salarios en la misma proporción, y que esta medida se eleve a rango constitucional.
¡Luchemos contra el desempleo, por la
defensa de las fuentes de trabajo y por un seguro para los desempleados!
Exigimos
que se reduzca la jornada laboral cuando menos a 40 horas con pago de 56,
para que sean empleados en las horas desocupados un gran número de
trabajadores ahora desempleados. Demandamos que se establezca el seguro al
desempleo para que el gobierno y los capitalistas paguen un salario a todo
trabajador sin empleo, el cual deberá salir de las arcas públicas,
que nos pertenecen a todos, y de las ganancias de los capitalistas, que son
producto de nuestro trabajo. Pugnamos porque los jubilados y pensionados tengan
derecho a suelo íntegro, y que éste aumente cada que se incrementen
los precios.
Es preciso luchar con firmeza contra los despidos, y cuando se presenten,
demandemos que todo trabajador despedido tenga derecho a seguir percibiendo
su salario hasta en tanto no consiga otro empelo.
Exigimos que el superávit que presentan las cuentas públicas
se emplee para incrementar los salarios de los empleados, jubilados y pensionados,
así como para sufragar la construcción de obras de beneficios
colectivos.
¡Contra las privatizaciones!¡Nacionalización de la banca y las empresas en quiebra!¡Control obrero de la producción!
Estamos
en contra de las privatizaciones de las empresas paraestatales y de la banca,
pues ellos sólo beneficia al gran capital nacional y extranjero en
la medida que les permite ensanchar sus ganancias a costa de la especulación
y el deterioro de las condiciones laborales de los trabajadores de esas empresas.
Con la privatización, además, se acelera la trasnacionalización
financiera y de la planta productiva, y crece con mayor rapidez el desempleo.
Estamos porque esas empresas continúen en manos del Estados, es decir,
por la nacionalización sin pago de toda la industria y la banca, destacando
en todo momento que la única forma de que funcionen verdaderamente
al servicio del pueblo, de manera eficaz, respetando los derechos laborales
y con finanzas sanas será bajo control obrero.
Asimismo, todas las empresas que sean declaradas en quiebra deben ser nacionalizadas
sin pago y pasar bajo el control de los trabajadores. Si los capitalistas
no son capaces de impulsar la producción y no les importa dejar sin
empleo a sus trabajadores, ¡que abran paso a la nacionalización
bajo control obrero!
¡No a la modernización educativa!
¡Incremento sustancial al gasto en educación!
Llamamos a todos los estudiantes, a los trabajadores y al pueblo a defender
la universidad pública que quiere destruir el régimen priísta.
Es preciso defender la libertad de cátedra, rechazar la elitización
y tecnocratización de la enseñanza, así como los intentos
por convertirla en un instrumento al servicio de los aspirantes a ingresar
a las escuelas de enseñanza media y superior, pues el único
objetivo de los exámenes de admisión es restringir el acceso
de los hijos de los trabajadores, pretextando carencias que propicia el Estado
y aplicando en los hechos criterios clasistas. ¡Abajo la modernización
educativa!
Estamos por la defensa del artículo Tercero constitucional, de la educación
laica y gratuita en todos los niveles. ¡No a la participación
del clero en la enseñanza! ¡Por la nacionalización de
los subsidios a la educación, que por lo menos se destine el 10 por
ciento del Producto Interno Bruto a ese renglón, y de ese porcentaje
el 2.5 para educación superior.
Llamamos a impulsar una fuerte batalla por arrancarle al gobierno un aumento
salarial de emergencia para todos los trabajadores de la educación,
a defender los contratos colectivos de trabajo, la bilateralidad y la homologación.
Estamos en contra de que sea desmembrado el salario debe pagarse íntegro.
Convocamos a todos los maestros democráticos a combatir por la defensa
de la integridad política y nacional del SNTE, así como por
su democratización. Luchemos por echar abajo el Acuerdo Nacional para
la Modernización de la Enseñanza Básica, instrumento
con el que se promueve privatizar la educación, desarticular el sindicato
magisterial, atentar contra los derechos laborales de los docentes y tergiversar
la historia nacional. Bregamos por la construcción de una organización
nacional y democrática de todos los trabajadores de la educación.
¡Por una verdadera reforma agraria! ¡La tierra para el que la
trabaja!
Entre
más se acentúa la decadencia del régimen del PRI, más
antiagrarista se vuelve: con mayor brutalidad despoja y reprime a los campesinos,
y con mayor claridad se coloca del lado de los grandes latifundistas. Así
lo demuestra la contrarreforma de Salinas al artículo 27 constitucional,
con la que le otorga mayores beneficios a la gran burguesía nacional
y al capital extranjero, en detrimento de las demandas más sentidas
del campesinado.
Solamente la lucha de los campesinos pobres en alianza con los obreros, puede
cambiar radicalmente la situación. ¡Tierra y libertad! Tal es
nuestra bandera. Exigimos que sea nacionalizada sin pago toda la tierra, y
que desaparezcan los latifundios abiertos y simulados. Demandamos la derogación
del amparo agrarios y la recuperación de la tierra ejidal y comunal
arrebatada por los caciques. Asimismo, nos manifestamos porque se ejecuten
de inmediato todas las resoluciones presidenciales rotatorias pendientes.
Luchamos enérgicamente contra cualquier despojo de tierras que sufran
los campesinos.
Los trabajadores del campo no sólo deben ser dotados de tierra, sino
también de crédito barato, suficiente y sin restricciones; insumos
de primera calidad, asesoría técnica e infraestructura, para
evitar que por esas carencias se van precisados a enajenar sus predio o asociarse
con capitalistas, convirtiéndose en asalariados en su propia tierra.
Los precios de garantía deben ser suficientes y ajustados siempre que
sea necesario, esto es, debe haber escala móvil de precios de garantía.
El uso de la tierra debe ser orientado esencialmente a satisfacer las necesidades
básicas de la población.
Las agroindustrias deben ser expropiadas y controladas por los obreros agrícolas.
Exigimos pleno respeto a la organización sindical de los trabajadores
rurales.
¡Por una reforma urbana integral!
Todo
mexicano debe tener derecho a una vivienda digna. Exigimos que se haga efectiva
la obligación de los patrones, plasmada originalmente en la Constitución,
de dotar de casas a sus trabajadores. Luchamos por la nacionalización
del suelo urbano y su entrega como ejido urbano a quienes lo necesiten. Demandamos
que en todo presupuesto gubernamental sea una prioridad la introducción
de servicios públicos, particularmente en las zonas populares.
Pugnamos por la unificación de todas las instituciones oficiales de
la vivienda en un solo organismo que, controlado por los trabajadores, regularicen
la tenencia de la tierra y aplique permanentemente un plan de obras públicas,
servicios y construcción de viviendas populares. Esa institución
deberá dar a toda familia una vivienda en usufructo, cobrando solamente
una mensualidad equivalente al diez por ciento de los ingresos familiares;
además, deberá tener la facultad para asignar las viviendas
deshabitadas y para nacionalizar y transformar las residencias de lujo en
escuelas, guarderías, albergues o campos deportivos.
¡Apoyemos las demandas por la defensa del ambiente!
Es
alarmante la velocidad con la que el capitalismo contamina todo el planeta,
aire, agua y tierra, llegando al grado de constituir un crimen contra la humanidad
entera. Dado que el objetivo de los empresarios es el lucro, la solución
definitiva a la terrible contaminación que padecemos sólo se
alcanzará en una sociedad socialista.
Sin embargo, esto no nos debe atar para luchar ahora contra el ecocidio. Las
empresas contaminantes deben indemnizara los afectados, ser expropiadas y
puestas bajo control obrero. Apoyamos las demandas de los grupos de ciudadanos
y ecologistas, pero rechazamos la política concertadora en la que ha
caído muchos de ellos, al confiar en que el gobierno priísta
puede solucionar este grave problema. Los daños a la ecología
continuarán mientras el poder los siga teniendo los representantes
del capital y el imperialismo.
III. Hacia una revolución democrática
¡Abajo el régimen del PRI!
Las
luchas que protagoniza el pueblo apuntan cada vez más contra el régimen
antidemocrático del PRI. Los conflictos que hemos presenciado en los
últimos tiempos contra el charrismo sindical, por la defensa de los
contratos colectivos de trabajo, contra los fraudes electorales, por la defensa
de la universidad pública, contra la modernización educativa
y la imposición de los nuevos libros de texto; la crisis del PRI y
el PAN, la búsqueda de la concertación entre los principales
partidos burgueses para tratar de frenar el descontento social y la movilización,
so muestra de que cada nuevo hecho político pone de manifiesto la debilidad
del gobierno para imponer sus planes, así como la decrepitud del régimen
que ha imperado en nuestro país por décadas.
Llamamos a los trabajadores y al pueblo a intensificar y coordinar sus luchas,
para lograr que el gobierno sea derrotado en todos los frentes. Señalamos
a Salinas como el principal responsable de las penurias que padecen los de
abajo, lo acusamos de promover el enriquecimiento de la gran burguesía
nacional e imperialista a costa del hambre y el desempleo de la clase trabajadora.
Lo denunciamos como el que entrega la nación a los intereses del imperialismo
yanqui; combatimos también a su gobierno por su carácter profundamente
antidemocrático, porque Salinas -quien llegó al poder mediante
el fraude- es en última instancia quien decide sobre el TLC a espaldas
y contra los trabajadores, por los fraudes electorales, por la imposición
de autoridades a todos los niveles, y por la imposición de planes económicos
que no son sancionados por la población.
Este régimen antidemocrático y hambreador debe desaparecer y
solamente las masas con sus luchas pueden garantizarlo. Alertamos a los trabajadores
a que no confíen en las negociaciones que se dan entre las cúpulas
de los partidos burgueses. Los llamamos a que sólo confíen en
su propia fuerza, a que construyan sus propias organizaciones y decidan democráticamente
sus formas de lucha. Convocamos a la más amplia unidad de acción
para echar al PRI del gobierno y destruir el régimen antidemocrático
imperante.
Democracia e independencia sindical
En
las luchas que se han dado en los últimos años ha empezado a
surgir, en forma embrionaria, una nueva vanguardia de luchadores que se rebelan
contra sus viejos líderes; son el germen de una nueva dirección
sindical para los trabajadores, son la punta de lanza de la lucha contra uno
de los apartaos más eficaces que ha contratado el régimen para
controlar por décadas el movimiento obrero: el charrismo.
Los dirigentes deben de estar pegados a su base, ser electos democráticamente
y evitar que se reelijan permanentemente para evitar el cáncer de la
charrificación. Las finanzas deben ser controladas por la base, y los
dirigentes deben ganar igual sueldo que sus trabajadores, sin privilegios
de ninguna especie.
La vinculación tan estrecha del charrismo con el gobierno y los intereses
de la patronal, encadena a los trabajadores al régimen y corroe la
independencia y democracia sindicales; por ello es fundamental acabar con
él y con sus métodos antidemocráticos de control obrero.
Necesitamos construir sindicatos democráticos que sirvan para la lucha,
para defendernos de la patronal y del explotación, que mantengan su
independencia de la burguesía, el gobierno, el PRI y del charrismo.
Necesitamos una nueva dirección que tenga por principio: ¡que
la base decida todo! La democracia obrera, la independencia de la patronal,
del gobierno y de cualquier organismo burocrático, es un principio
que debemos defender en el seno del movimiento de masas, no sólo en
los sindicatos, sino en toda organización estudiantil, campesina, popular
o de carácter frentista.
De esta manera, para el desarrollo del movimiento sindical independiente y
democrático, es imprescindible construir una central única de
trabajadores con nuevos dirigentes, que defienda de manera intransigente estos
principios. Un primer paso para conseguirlo es el impulsar corrientes sindicales
democráticas que luchen por tales objetivos.
Por una ley electoral democrática
Algunos
de los recientes triunfos de las masas han sido producto de las movilizaciones
contra los fraudes electorales; ejemplos de ello se han dado en los estados
de San Luis Potosí, Guanajuato, Tabasco, Chihuahua y Michoacán.
En el caso de San Luis Potosí, la presión popular provocó
la caída en primer término, del gobernador electo mediante fraude,
y con posterioridad la del gobernador interino, Gonzalo Martínez Corbalá,
quien luego de renunciar a la gubernatura pretendía reelegirse. Estas
derrotas sufridas por el partido del gobierno muestran un avance en la conciencia,
y dejan en claro que sólo con la movilización y confiando en
las propias fuerzas es posible derrotar al PRI y al gobierno.
Sin embargo, Salinas sigue empecinado en mantener el régimen de partido
único, y aunque ha tenido que aceptar algunas derrotas y ha establecido
una nueva relación con el PAN -cediéndole algunos espacios políticos
a cambio de una mayor integración de ese partido al régimen-,
lo esencial es que el gobierno no está dispuesto a negociar la transformación
de un régimen donde el PRI mantiene las riendas del sistema político.
Es imprescindible echar abajo el actual sistema electoral priísta a
través de una gran movilización popular que arranque una ley
electoral realmente democrática. Ello significaría tirar al
régimen de partido único, lo que constituiría un enorme
triunfo para las masas y generaría mejores condiciones políticas
para la lucha por las demandas más sentidas de los trabajadores.
A la vez que convocamos a los trabajadores a luchar por una ley electoral
democrática, alertamos que no será por la vía de las
elecciones como se elimine la opresión y explotación que soporta
el pueblo mexicano. Erradicar el hambre y la miseria solamente se conseguirá
con una nueva revolución que lleve al poder a los trabajadores, que
establezca un gobierno obrero y campesino, que aliente la movilización
hasta barrer con a clase burguesa y sus agentes; es decir, un gobierno de
carácter socialista y antiimperialista, que impulse la revolución
en todos los países del América Latina y el mundo.
Por la creación del estado 32 en el Distrito Federal
Una de las manifestaciones más claras del carácter antidemocrático del régimen es que los ciudadanos del Distrito Federal no cuentan con el derecho de elegir a sus gobernantes. Nos pronunciamos por la creación de una nueva entidad federativa en la capital del país, en la que se pueda elegir democráticamente al gobernador y a los ayuntamientos respectivos. Una asamblea constituyente, libre y soberana debería darle el marco jurídico a este nuevo estado y deberá contar con una legislatura.
¡Por el cese inmediato de la represión!
Para
imponer sus planes, Salinas recurre también a la represión contra
las organizaciones sindicales, campesinas y populares. Hay miles de luchadores
sociales - principalmente indígenas- encarcelados por motivos políticos,
cuyas acusaciones se ha disfrazado como delitos comunes. Más de 500
han sido desaparecido por cuerpos policíacos o paramilitares, y de
ellos no se tiene mayor noticia: solamente se supone que se encuentran recluidos
en cárceles clandestinas o que fueron asesinados. Muchos otros son
perseguidos, reprimidos, heridos, asesinados.
Estamos contra todo tipo de represión y convocamos a la más
amplia unidad para exigir la libertad de todos los presos políticos,
toda la verdad sobre los desaparecidos y juicio y castigo a los culpables;
exigimos el cese a la represión, particularmente en el campo, donde
a diario cobra víctimas entre los trabajadores rurales que luchan por
sus más elementales derechos. Nos pronunciamos por la desaparición
de todos los cuerpos represivos, así como de la oficial Comisión
Nacional de Derechos Humanos (CNDH); en su lugar proponemos el establecimiento
de una comisión integrada y dirigida por organizaciones obreras y populares.
¡Plenos derechos e igualdad para las mujeres!
Demandamos
plena igualdad entre hombres y mujeres. Particularmente defendemos a las trabajadoras,
que además de ser oprimidas son explotadas. Reivindicamos el derecho
de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y a que determinen el número
de hijos que deseen tener. Luchamos por la legalización del aborto
y porque sea el Estado quien garantice su ejecución en forma gratuita
y en condiciones clínicas adecuadas; exigimos la distribución
gratuita de anticonceptivos, y que en todas las escuelas se proporciones una
orientación sexual libre de prejuicios a mujeres y hombres.
Luchamos por la igualdad de salarios y oportunidades en todos los empleos
para la mujeres; guarderías infantiles, absolutamente gratuitas y con
horario de 24 horas, para los hijos de trabajadoras y estudiantes, la extensión
de la licencia por maternidad y la disminución de horas de trabajo
con igual salario durante la primera infancia del niño.
Luchamos por un salario mínimo adicional para la madre soltera. Por
una asignación de 50 por ciento del salario mínimo para las
madres trabajadoras por cada hijo menor de edad.
¡Por el respeto a los derechos de los
grupos étnicos!
Los
campesinos más oprimidos y explotados son los indígenas. Actualmente
sobreviven más de 8 millones de ellos en el país, quienes sufren
una cruel explotación, el despojo de sus recursos naturales, persecución,
encarcelamiento y discriminación racial. En toda esta tarea depredadora,
los caciques y gobiernos cuentan con el apoyo del Instituto Lingüístico
de Verano (ILV).
Ante ello, los socialistas exigimos y llamamos a luchar por el respeto irrestricto
de las áreas geográficas de las comunidades, la restitución
inmediata de las tierras que les han despojado, el respeto absoluto a su cultura,
formas de gobierno y tradiciones. Exigimos alto a la represión, libertad
para todos los presos indios, castigo a los culpables de asesinatos y masacres,
crédito barato y apoyo técnico y tecnológico que requieran
y demanden las comunidades. Asimismo, exigimos sea expulsado de la ILV del
país de manera inmediata.
¡Ningún derecho político
al clero!
Una
conquista histórica de nuestro pueblo es haber expropiado los bienes
de la iglesia y no otorgar derechos políticos a los religiosos de profesión.
Estamos a favor de que cualquier ciudadano, en forma privada, profese la religión
que guste. Pero nos oponemos tajantemente a la modificación constitucional
del artículo 130, nos pronunciamos categóricamente porque la
Iglesia, con todo y sus empleados profesionales, se encuentre absolutamente
separada del Estado y porque la nación no mantengan relaciones diplomáticas
de ningún tipo con el Estado Vaticano. Asimismo, estamos totalmente
en contra de que el clero participe en la educación; está, como
marca la Constitución, debe ser laica. Las escuelas en poder de las
iglesias deben ser expropiadas y convertirse en centros de enseñanza
públicos y gratuitos.
Pronasol debe desaparecer
Demandamos
la desaparición del Programa Nacional de Solidaridad. El Pronasol tiene
un carácter eminentemente político e ideológico. A través
de ese programa se ha buscado regenerar la imagen gubernamental, esencialmente
la del presidente; está orientado fundamentalmente a ganar votos para
el partido oficial y se ha convertido en un receptáculo de exdirigentes
y militantes de izquierda, quienes en los hechos le hacen un servicio político
al régimen y al gobierno y son un canal para tratar de hacerle creer
a las masas que el gobierno se empeña con seriedad en resolver las
necesidades más apremiantes de los pobres del país; es decir,
son agentes de la política de concertación política salinista.
Además, Pronasol es anticonstitucional en la medida que emplea fuerza
de trabajo gratuita, con lo que el gobierno evita su obligación de
financiar completamente las obras de infraestructura y servicios. Por otra
parte, sus recursos, aunque cuantiosos, son insuficientes para solventar las
grandes carencias de los pobres de México.
Pronasol debe desaparecer y en su lugar se requiere impulsar un plan de obras
y servicios que brinde empleo remunerado a una gran cantidad de desempleados,
y con ello se puedan atender las necesidades más urgentes de la población
como hospitales, viviendas, escuelas, calles drenajes, presas, centros recreativo,
etcétera.
¡Castigo a los corruptos!
A medida que se agudiza la crisis del capitalismo y del régimen priísta, se muestra casa vez más su descomposición y degeneración. Ejemplo de ello es la corrupción que caracteriza a un gran sector de los funcionarios públicos: la proliferación de negocios turbios entre empresarios y autoridades gubernamentales es una constante en el país. Hay quienes han logrado hacer enormes fortunas sean expropiadas y orientadas a obras sociales que beneficien a los trabajadores; asimismo, demandamos una profunda investigación y castigo a los funcionarios y empresarios culpables de corrupción, su destitución inmediata y la confiscación de sus bienes.
IV. Por un frente nacional de lucha
Todas
las tareas anteriormente descritas solamente podrán garantizarse si
los trabajadores peleamos contra los planes contrarrevolucionarios de los
PRI-gobierno unidos en un frente o coordinadora. Ese organismo debe votar
un plan de lucha, apoyado y discutido por las bases de las organizaciones
sindicales, campesinas y populares, así como desarrollar un plan económico
alternativo al del gobierno y la burguesía. Con esta propuesta organizativa
es posible concretar la unidad obrera, campesina y popular, alianza estratégica
en la lucha contra el gobierno y el régimen.
La necesidad de construir ese frente es impostergable, vital para todos los
trabajadores. Es ésta la principal consigna organizativa que tenemos
hacia el movimiento de masas en este periodo. ¡Sólo con las movilizaciones
podremos impedir que se consumen los planes entreguistas de Salinas! ¡Que
no quede una sola lucha aislada!¡Lleguemos hasta la huelga general y
la movilización nacional para derrotar al gobierno, agente directo
del imperialismo! El POS (Z) pone al servicio de la construcción de
ese organismo todos sus recursos militantes, prensa, locales, etcétera.
En aras de integrar ese gran frente nacional, alentamos la formación
de frentes, coordinadoras regionales o agrupaciones por sectores que vayan
abonando el camino hacia la unidad nacional de las luchas.
V. Por la construcción de un partido
revolucionario
La
crisis de la humanidad es la crisis de su dirección revolucionaria,
por ello una de las tareas más importantes de los trabajadores e la
construcción de un partido revolucionario a escala mundial con secciones
en todos los países. Frente a las falsas opciones de izquierda, ante
la ausencia de direcciones verdaderamente revolucionarias, necesitamos construir
un partido que mantenga absoluta independencia del gobierno y la burguesía,
un partido con una ideología obrera y socialista que se exprese en
los hechos, esto es, que sea un partido que se ponga al servicio de los trabajadores
y sus luchas, que les apoye en las buenas y en las malas, que esté
en la misma trinchera en sus triunfos y en los fracasos. Un partido que no
haga de la lucha electoral su estrategia d construcción cotidiana,
sino que, por el contrario, su proyecto sea alentar permanentemente la movilización
de las masas para la toma del poder, un partido que bregue por la unidad de
los conflictos, la coordinación de las luchas que estallan en el campo
y la ciudad y le dispute la dirección de los trabajadores y sus luchas
a la direcciones burguesas, pequeñoburguesas, conciliadoras y traidoras
que existen en el seno del movimiento de masas, las cuales constituyen un
obstáculo para el avance de la conciencia obrera y el desarrollo de
la movilización y organización revolucionaria de los trabajadores.
Necesitamos un partido que luche por conquistar un gobierno obrero y campesino,
de ruptura con la burguesía, un partido internacionalista que construya
la organización mundial que los trabajadores necesitan para hacer la
revolución en todo el planeta y edificar el socialismo. Estamos convencidos
que el POS (Z) es uno de los embriones de esa organización nacional,
y que la Liga Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional es el
germen del partido mundial del proletariado.
VI. Solidaridad internacional
La
solidaridad con las luchas del proletariado mundial y los pueblos oprimidos
es una tarea que debemos impulsar al seno del movimiento de masas. Apoyamos
las luchas de los pueblos de Europa del movimiento de masas. Apoyamos las
luchas de los pueblos de Europa del Esta y la ex URSS en contra de los planes
restauracionistas de las burocracias y el imperialismo; reivindicamos el derecho
de las nacionalidades a su independencia y nos pronunciamos por ala conformación
de federaciones de Repúblicas Socialistas, ya sean de Europa, América
Latina, Asia o Arica, a través de la decisión democrática
de los pueblos; estamos en contra de cualquier anexión o imposición
de pactos o tratados internacionales, sean éstos comerciales, como
el TLC y Maastricht, o militares, como la OTAN. Respaldamos en forma irrestricta
las luchas de los trabajadores de todo el mundo en contra de los gobiernos
títeres del imperialismo, como en Israel y Sudáfrica, Nicaragua,
Brasil y Venezuela, así como las de los trabajadores de los países
imperialistas.
Manifestamos nuestra más amplia solidaridad con los refugiados e indocumentados
y defendemos el derecho de asilo: exigimos sean espetados sus derechos laborales
y denunciamos y luchamos contra la represión, discriminación
y opresión de la que son objeto.
Estamos en contra de los planes restauracionistas del capitalismo de Fidel
Castro en Cuba, por la defensa de las conquistas de la revolución y
porque se otorguen amplias libertades democráticas a los trabajadores
y el pueblo. Al igual que en Europa del Este y la ex URSS, bregamos porque
en Cuba se desarrolle la revolución política que lleve a los
trabajadores al poder, bajo la dirección de un partido revolucionario
que impuse la construcción del socialismo y la extensión de
la revolución a escala mundial; asimismo, nos pronunciamos contra el
bloqueo económico yanqui a Cuba y la Ley Torricelli, y frente a cualquier
agresión del imperialismo nos colocamos en la trinchera del pueblo
cubano o de cualquier otra nación independiente, colonial o semicolonial
que sea atacada.
VII. Por un México socialista
En
México es necesaria una nueva revolución que tire al régimen
priísta, cada vez más decadente y proimperialista. Sobre las
ruinas lucharemos por construir otro donde se acabe con la explotación
del hombre por el hombre; se planifique la economía teniendo como principio
la satisfacción de las necesidades más apremiantes de toda la
población y se eleve la calidad de vida a todos los niveles.
Para ello necesitamos impulsar una revolución de carácter socialista,
que acabe con la explotación capitalista y con las clases sociales,
que impulse la democracia obrera y lance una feroz batalla contra el imperialismo
que corroe nuestra economía, nuestra cultura, saquea nuestros recursos
y explota a más no poder nuestra mano de obra. Un México Socialista.
Una revolución obrera, campesina y popular que gane el poder para los
de abajo, los únicos que pueden sacar al país de la crisis y
hermanar su lucha con todos los pueblos de América Latina, bregando
por conformar la Federación de Repúblicas Socialistas Latinoamericanas.
Ediciones El Socialista, México 1993