Un
nuevo y glorioso episodio fue escrito en la historia de la lucha obrera
en San Luis Potosí por los trabajadores de la Industria Vidriera
del Potosí.
Esta vez, los sindicalizados pararon sus labores durante 24 horas,
con el objetivo de denunciar la descarada connivencia entre la CTM
y la Secretaría del Trabajo para pisotear la voluntad de los
trabajadores. La paralización también tenía el
objetivo de exigir a los directivos de la empresa el reconocimiento
del comité ejecutivo electo democráticamente por los
trabajadores.
La tarde del martes 21 de noviembre, los funcionarios de la Secretaría
del Trabajo citaron a los representantes de la empresa, de la CTM
y del comité democrático electo por los vidrieros, para
anunciarles que otorgarían el reconocimiento legal a Rogelio
Tristán Tello, suplente de quien fuera secretario general del
sindicato y que había sido destituido junto con todo su comité
desde marzo de este año. Por supuesto, Tristán Tello
era sumiso a las órdenes de los cetemistas.
No importó que en diversas ocasiones los trabajadores de la
Vidriera hubiesen manifestado su voluntad de apoyar a un comité
democrático, independiente y de lucha. Por encima de la decisión
de los obreros, estaban los corruptos intereses de los funcionarios
y de los líderes cetemistas. Los directivos de la empresa,
atestiguaron con mirada complaciente la repudiable resolución.
La asamblea más reciente de los vidrieros había previsto
esta situación y resolvió llevar a cabo una medida de
fuerza con la cual presionar para respetar la voluntad obrera. La
acción se llevaría a cabo la noche del mismo 21 de noviembre.
Los obreros comenzaron a concentrarse en las oscuras calles de la
zona industrial. Fueron llegando los camiones con los trabajadores
que entrarían a trabajar al tercer turno. Todos bajaron y nutrieron
el contingente, que a las 10 y media en punto, a la entrada del turno,
se apostó frente a la entrada de la fábrica con la firme
decisión de no entrar a trabajar.
Caía la peor helada en años en San Luis, pero el fervor
de los trabajadores no se enfrió.
La empresa se negó a responder a las demandas obreras. Pero
la voluntad de los trabajadores era inque-brantable. La absoluta mayoría
permaneció en las puertas de la empresa. Rápidamente
se organizaron las comisiones para traer café y prender las
fogatas. Todos esperábamos a los compañeros del segundo
turno que permanecían en la fábrica.
Una cláusula del contrato colectivo obliga a los trabajadores
a doblar turno, si la empresa lo requiere (se trata de una medida
violatoria de la Ley Federal del Trabajo, que en su artículo
66 prohíbe que la jornada de trabajo se prolongue por más
de tres horas en un día) y con ella querían obligar
a los obreros que se encontraban laborando desde el segundo turno
a permanecer en la fábrica y garantizar la producción.
Pero los compañeros no se amedrentaron y apenas se cumplieron
las tres horas extras que marca la ley, salieron para sumarse al contingente
de los compañeros del tercero. El funcionamiento de la fábrica
quedó en manos de algunas decenas de trabajadores de confianza
que pretendieron, sin éxito, mantener la producción
de botellas.
Afuera, los compañeros comba-tían el frío con
consignas, canciones y discursos ante un improvisado equipo de sonido.
Repetidamente, sonaban las alarmas de las líneas de producción
que se activaban ante los frecuentes fallos de los empelados.
A las seis de la mañana, el contingente creció con los
obreros del primer turno, que entusiastas se sumaron al paro. Unos
minutos después salieron los empleados y los contadísimos
sindicalizados que siguieron trabajando. El repudio de los paristas
para los esquiroles fue estruendoso.
Para esas horas ya estaba listo un volante que luego se repartió
en diversas fábricas de la zona industrial y que decía:
"A los empresarios y a los líderes de la CTM les da miedo
que los trabajadores en otras empresas, que inclusive están
en peores condiciones que en la Vidriera, se animen a luchar por lo
que es justo y que, como en nuestro caso, obtengan triunfos y avancen
en mejoras salariales, contractuales y en el trato por parte de los
gerentes o supervisores. Les da miedo que más trabajadores
se decidan a defender su dignidad…" Y remataba: "Nuestro
movimiento es pacífico, es legítimo y, sobre todo, justo.
Por eso, llamamos a todos los obreros a seguir nuestros pasos. Entre
más trabajadores estemos libres de los controles autoritarios
y corruptos de las viejas centrales sindicales, será más
fácil vivir y trabajar mejor."
Después de que los compañeros del primer turno se sumaron
al paro, cuando era ya evidente la disposición de los obreros
a seguir con su movilización, lo mismo que la grave afectación
a la producción que estaba representando la ausencia de los
obreros, los directivos de la empresa accedieron a negociar la realización
de un recuento interno, para definir a quienes respaldaba la base
trabajadora como sus dirigentes, a cambio de que el paro no se prolongara
indefinidamente.
Una semana después se llevó a cabo el recuento. Participaron
más de 730 sindicalizados, y de ellos sólo 19 apoyaron
a los cetemistas. El resto se pronunciaron a favor del comité
ejecutivo democrático, encabezado por Valentín Marín
Quistian.
La derrota fue tan aplas-tante que dos días después,
siete de los cetemistas renun-ciaron a su trabajo en la Vidriera y
lo mismo hicieron otros ocho la siguiente semana. El que había
sido impuesto por la Secretaría del Trabajo como secretario
general también pidió su liquidación y, además,
firmó su renuncia al cargo sindical y todos los documentos
con los cuales se facilitara una nueva solicitud de toma de nota para
el comité ejecutivo encabe-zado por Valentín Marín.
Los obreros de la Vidriera del Potosí han cobrado conciencia.
Saben que son el corazón de la producción, pero también
su cerebro, sus ojos, sus oídos… Saben que son imprescindibles
y que eso les da un tremendo poder, y lo han usado para dar un golpe
mortal a los charros en su sindicato y para forzar a la empresa a
respetar la voluntad obrera.
