El
pasado 27 de noviembre, Rafael Correa se impuso al ultraderechista
y multimillonario Álvaro Noboa en la jornada electoral que
para elegir Presidente de la República se realizó en
Ecuador.
El triunfo de este economista, cercano al mandatario venezolano Hugo
Chávez, se explica en la lucha que el pueblo ha emprendido
a lo largo de la última década en contra de los planes
económicos y los proyectos que el imperialismo norteamericano
ha impuesto en esa nación.
Ecuador
es un país todavía más pobre que México,
porque allá las dos terceras partes de la población
vive en la miseria y el 80 por ciento son pobres. La aplicación
de medidas propias del capitalismo salvaje los redujo a ser uno de
los cinco países más pobres del continente. Por ello,
la lucha de los pueblos en contra de estos planes ocupa un lugar fundamental.
Esto explica que en las pasadas elecciones la población haya
votado en contra de dichos proyectos, los que vieron encabezados por
Álvaro Noboa.
Por
otra parte, el programa económico y las propuestas que Correa
manejó como compromisos durante su campaña daban respuesta
a algunas de las exigencias del pueblo: reestructuración de
la deuda externa, mayores recursos en materia social, rechazo al Tratado
de libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, mayor participación
estatal en materia energética, austeridad salarial para funcionarios
de gobierno. En relación con el imperialismo norteamericano,
la demanda principal del movimiento popular, y que fue recogida por
parte de R. Correa, fue retirar una base militar que los Estados Unidos
mantienen en Manta, provincia al sur de Ecuador.
En
materia política el candidato de Alianza País se comprometió
a convocar una Asamblea Constituyente el próximo año.
Esta iniciativa -al igual que las anteriores- es resultado de un acuerdo
que el candidato de izquierda contrajo con las organizaciones so-ciales,
indígenas y cam-pesinas para que apo-yaran su candidatura y
volcaran el voto a su favor.
El gobierno de Correa estará sumamente vigi-lado y bajo la
presión de las organizaciones po-pulares. La caída median-te
movilizaciones y protestas de tres presidentes en los últimos
diez años y la furia del movimiento social que se ha expresado
en las calles son de las principales advertencias para su administración.
La contradicción principal para su gobierno será que
su programa es de reforma del capitalismo, no busca desechar este
sistema de explotación y reemplazarlo por una economía
regida por los trabajadores. Su política es de un cierto nacionalismo
social, pero se verá nulificada para revertir los problemas
originados por el capitalismo: desempleo, pobreza, crisis…
Si
bien el nuevo gobierno se encuentra lejos de ser un gobierno socialista,
único con la capacidad para solucionar de manera efectiva y
real los problemas que vivimos miles de asalariados, se suma a la
tendencia en Latinoamérica (Venezuela, Bolivia,…) del
llamado bloque de gobiernos de "izquierda", y que son el
resultado del rechazo a los proyectos neoliberales y a las políticas
militaristas del país vecino del norte.